miércoles, 14 de octubre de 2015

La Cosa Kostra: Capítulo II

Venimos de aquí.


Aitor Hernández se dejó guiar por los estrechos pasillos por Asier Osegi, uno de sus capos, un hombre de 34 años que sin embargo mantenía la vitalidad, incluso cierto infantilismo ligeramente irritable, de un chaval de 15.

—Mira, joder, no te lo vas a creer, tienes que verlo en persona…

Osegi sacó un manojo de llaves de su chándal de Ternua y las palpó nerviosamente hasta que encontró la que buscaba. Entonces abrió la puerta del sótano.

La estancia, iluminada con luces fluorescentes, estaba completamente repleta de plantas de marihuana. Apenas se podía ver entre las hojas verdes.

—Estamos a mediados de abril, calculamos para que los cogollos florecieran ahora. Nos vamos a forrar con esto.
—Bien. Lo necesitaremos para la multa de esos dos.
—¿Lo del tío de las NNGG? Lo he oído. Joder, qué marrón. ¿De dónde ha sacado los huevos para denunciarles?
—Buena pregunta. De todas formas, buen trabajo, Asier. Saldrá bastante dinero de aquí. Lo único…
—¿Qué?
—No me gusta que esto esté en Romo. La sede de Cambio también está en Romo, pueden seguirnos fácilmente de un sitio a otro. No sé.
—Uh, bueno… me parece que ya es demasiado tarde para transladarlo.


El sr. Gutiérrez, abogado desde hacía 20 años, cruzó las manos en pose seria.

—Francamente, Josu, creo que este chaval no ha podido denunciaros. Seguramente le hayan obligado sus padres al ver el estado en el que llegó a casa. También tengo que decirte que no hay testigos.
—¿Entonces qué? ¿Su palabra contra la mía?
—Sí, bueno. La palabra de un miembro de NNGG contra la de un borroka… que además tienes un hermano condenado por quemar contenedores.
—Lo sé, lo sé.

Gutiérrez hizo una pausa y suspiró.

—Entre tú y yo… ¿cómo va esto en tu familia? No tu familia de verdad, ya me entiendes.
—Ya. Al don no le ha gustado nada. El Sainz éste tiene tropecientos seguidores en Twitter, y se hace la víctima… no ha disimulado nada. Lo ha largado todo, ahora digamos que la Cosa Kostra es todavía menos secreto que antes. Pero creo que aún así está dispuesto a pagarme la multa.
—Bueno. Ni tan mal.

El abogado se levantó y dio una palmada en el brazo a Josu.

—Tranquilo, chaval, que esto no es nada. En mis tiempos yo defendía a etarras.


Fernando Rodríguez cerró la persiana de su bar. Había sido una jornada dura, pero ya había acabado. Por fin podría relajarse.

Con cierta sorpresa, notó que había alguien tras él. Se giró y vio a una chica de poco más de 15 años. Se protegía del frío metiendo las manos en los bolsillos de su chaqueta vaquera con parches de diversos grupos de música. Tenía pelo castaño, peinado con chelseas ambos lados de su cara. Rodríguez pensó que era bastante guapa.

—Hola—dijo la chica—. Trabajo para el sindicato de toreros, creo que ya contactamos contigo. Si ponías publicidad de corridas de toros en el escaparate tenías que pagar 100 € al mes, ¿recuerdas?

Rodríguez quedó un momento en silencio y después soltó una carcajada. La risa duró varios segundos, mientras intentaba recuperarse de la sorpresa.

—Mira, niña, vete a estudiar que es lo que deberías estar haciendo, y déjate de gilipolleces. Anda que…

Cuando la chica sacó las manos de su bolsillo, revelando un puño americano, el dueño del bar no pudo reaccionar a tiempo. El primer puñetazo le dislocó la mandíbula y le tiró al suelo. Apenas pudo sentir los demás.


Era un viernes noche, pero en el Gudari apenas había una docena de personas. Era una fiesta privada.

—¿Cristina? Esa chavala está loquísima—comentaba Sergio a Maitane, una joven sentada frente a él—. ¿Sabes que el martes mandó al hospital al dueño de un bar de Moyua? El tío no quería pagar y se descojonó de ella por ser una chica, así que Cris le dio con el puño americano hasta hacerle una cara nueva. Impresionante.
—Jodeeer—Maitane dio un sorbo a su kalimotxo mientras asumía la noticia.
—¡Atención!

El bar se quedó en silencio en apenas unos segundos mientras Hernández subía a la barra.

—Seré breve. ¡Tengo una buena noticia que daros! Gracias a los esfuerzos de nuestro capo, el que empieza por A y vive en Romo, y de la gente que trabaja para él, que no es que quiera hacerles el feo pero ya sabéis que hay que tener cuidado… ¡Tenéis todos un aumento de sueldo! ¡Así que a partir de ahora, cobraréis 550 € al mes en dinero totalmente libre de impuestos!


El bar estalló en aplausos y gritos mientras Mikel iba sirviendo una nueva ronda.

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