Cuando
el arquero Herleifr era un muchacho, cayó en una trampa. Casi veinte años
después, su pasado resurge de forma inesperada. Vamos con un spin-off de La balada de Hakon, protagonizado por uno de sus secundarios más recurrentes. La portadilla de Miguel Lob Lan (obviamente) nos muestra a Herleifr en los dos momentos de su vida en los que se divide este relato.
Herleifr estaba acostumbrado al dolor.
Había
nacido en las afueras de Ulfgod, capital de Svanhaim; segundo hijo de Aron el
Bajo, que regentaba una posada bastante humilde, y Lynae, una cazadora.
Llevaban una vida más o menos feliz. La posada les mantenía; por la mañana,
Lynae salía a cazar, y regresaba a la tarde, normalmente con algunos conejos, a
veces un zorro o una ardilla.
Cuando
Herleifr apenas era un niño, su hermano mayor, Briand, murió por una fiebre.
Ésa fue la primera pérdida que Herleifr experimentó. Sus padres tuvieron otra
hija, una niña llamada Kaysa.
Teniendo
Herleifr 10 años, su padre murió, asaltado por bandidos en un camino cuando iba
a buscar cerveza para su negocio. Nunca se encontró a los culpables. Cosas que
pasan.
De
pronto, la reducida familia se encontró con que ya no podía mantener la posada.
Tuvieron que venderla al mejor postor, y marcharse de Ulfgod. Se trasladaron a
Tjalmo, una pequeña aldea en la que una cazadora podía ganarse la vida con
mayor facilidad. Herleifr tenía que cuidar de su hermana; su madre pasaba todo
el día fuera, cazando. Supieron lo que era pasar hambre.
Lynae
intentó enseñar a su hijo a usar el arco, pero era demasiado pequeño. No tenía
fuerza para tensarlo tanto como era necesario. Aún así, no cedió. Con el paso
de los meses, fue más fácil. Para cuando tenía 12 años, Herleifr ya era
arquero.
Apenas
un par de años después, murió la pequeña Kaysa. La falta de comida había
debilitado su salud; una fiebre que en principio no debería ser muy grave se la
llevó. Herleifr y su madre quedaron solos y devastados por el dolor.
Ya no tenían motivos para establecerse en un sitio fijo. Viajaban de bosque en bosque, acampando allí, cazando y alimentándose. Vendían las pieles –o alguna pieza entera, si sobraba- en las aldeas. Herleifr aprendió a sobrevivir en la naturaleza, a construir pequeños refugios, a cazar. Pronto, su talento como arquero superó al de su madre.
