miércoles, 25 de septiembre de 2024
miércoles, 18 de septiembre de 2024
La balada de Hakon: Los siete guerreros
Unas nubes no muy espesas cubrían parcialmente el sol, proyectando así sus sombras sobre los campos del reino de Medderd. El paisaje estaba sembrado de pequeñas granjas situadas en mitad de la nada: una por aquí, otra por allá. Por allí sólo transcurría una vía importante: el Camino Tranquilo, cuyo nombre había sido bastante descriptivo hasta épocas recientes, en las que, ocasionalmente, algunos bandidos interrumpían aquella calma.
Por dicho camino pasaba Hakon, montado en un burro. El norteño escudriñaba el paisaje, pensando que sería agradable tener una granja allí y llevar una vida tranquila: no obstante, por supuesto, no tenía dinero para ser propietario de una, y probablemente nunca lo tendría. De ahí que se viera obligado a recurrir a todo tipo de trabajos precarios que apenas le suponían ingresos suficientes para llegar vivo al siguiente.
Hacía unos meses, había decidido volver a uno de los que ya había ejercido varias veces a lo largo de sus treinta y cinco años de vida: vendedor de baratijas. Al menos, no se metía en problemas. Había vuelto a comprar unos cuantos puñados de baratijas a un comerciante cíngaro, había vuelto a comprar un burro y volvía a recorrer los caminos. Otra vez. No podía negar que también la monotonía le molestaba un poco.
Su destino era ahora el reino de Muhsserd, donde esperaba vender aquellas baratijas, aunque, secretamente, también apostaba por planes alternativos, en caso de aburrirse del plan principal. Era bien sabido que el rey Sedrik ocupaba su tiempo en fiestas, banquetes y descanso; era un rey que no se molestaba mucho en ocuparse de los asuntos de Muhsserd, lo que había propiciado que los bandidos florecieran en aquel reino. En caso de verse sin otras opciones, tal vez Hakon podría volver a ser un bandido, robar a algunos comerciantes ricos y así ahorrar lo suficiente para retirarse y no tener que volver a recorrer los caminos…
miércoles, 11 de septiembre de 2024
miércoles, 21 de agosto de 2024
miércoles, 7 de agosto de 2024
miércoles, 31 de julio de 2024
La gente está sexualizada, ¿quién la desexualizará?
Últimamente se ha popularizado bastante el término “sexualizar”. Su uso se empezó a extender hace algo menos de dos décadas; en el diccionario de la RAE, por ejemplo, fue incorporado en 2014, aunque yo diría que se ha multiplicado especialmente en los últimos cinco años, más o menos. Se define como dar carácter sexual a alguien o algo.
El primer problema que le veo a este término es de carácter semántico. Me parece una palabra contradictoria en sí misma, por el hecho de que los seres humanos somos seres sexuales. Entonces, ¿cómo se le va a dar carácter sexual a alguien que ya lo tiene?
Se pueden hacer algunas matizaciones sobre el hecho de que seamos seres sexuales, claro. En primer lugar, si alguien, en el sentido de su orientación sexual, es asexual, me parece estupendo. Es una orientación sexual como otra cualquiera y, desde luego, no pretendo convencer a nadie de que no es asexual ni me refiero a eso cuando hablo de que los seres humanos somos seres sexuales.
miércoles, 26 de junio de 2024
miércoles, 19 de junio de 2024
domingo, 16 de junio de 2024
Las uvas de la ira: Algún día, las oraciones se acabarían
Otro cachito de la brillante novela de John Steineck, recordándonos la inevitabilidad de algunas cosas.
Y en Kansas y Arkansas, en Oklahoma y en Tejas y Nuevo Méjico, los tractores invadían más tierras y echaban a los arrendatarios.
Trescientos mil en California y más en camino. En California, carreteras repletas de gente frenética que corría como hormigas a arrastrar, empujar, levantar, trabajar. Por cada carga que pudiera levantar un hombre surgían cinco pares de brazos para levantarla; ante cada ración de comida que se podía conseguir se abrían cinco bocas.
Y los grandes propietarios, los que deben ser desposeídos de su tierra por un cataclismo, los grandes propietarios con acceso a la historia, con ojos para leer la historia y conocer el gran hecho: cuando la propiedad se acumula en unas pocas manos, acaba por serles arrebatada. Y el hecho que siempre acompaña: cuando hay una mayoría de gente que tiene hambre y frío, tomará por la fuerza lo que necesita. Y el pequeño hecho evidente que se repite a lo largo de la historia: el único resultado de la represión es el fortalecimiento y la unión de los reprimidos. Los grandes propietarios hicieron caso omiso de los tres gritos de la historia. La tierra fue quedando en menos manos, aumentó el número de los desposeídos y los propietarios dirigieron todos sus esfuerzos a la represión. El dinero se gastó en armas, y en gasolina para mantener la vigilancia en las enormes propiedades y se enviaron espías que recogieran las instrucciones susurradas para la revuelta, de forma que ésta pudiera ser sofocada. La economía en proceso de cambio fue ignorada, al igual que los planes del cambio; y sólo se consideraron los medios para extinguir la revuelta, mientras persistían las causas de la misma.

