Llego a Las Arenas en metro. Salgo por la boca 2; no es un
nombre oficial, pero aquí todo el mundo sabe cuál es la boca 1 y cuál la boca
2. Bocas de metro con grandes cristaleras, quizá demasiado ostentosas, pero muy
útiles para saber por dónde se entra a distancia, más que la columna con el
símbolo de Metro Bilbao.
Una vez vi a un niño romper uno de los cristales de la boca
1 tirando una diminuta piedra sin apenas fuerza. Es curioso cómo a veces los
cristales se rompen prácticamente solos. Una diferencia de temperatura, una
grieta invisible a simple vista, a saber.
El sol asoma tímidamente entre las nubes, iluminando la
calle Ibaigane. Un paseo detallado, como psicogeografía, como el Ulises de
Joyce, más lo primero que lo segundo. Escritura casi automática porque he
crecido en las calles de Las Arenas y todas generan emociones, recuerdos e
historias. Historias que he vivido o que conozco, al menos. Ibaigane se llama
así porque el río Gobelas pasaba por allí antaño.