domingo, 9 de febrero de 2020

Ideología de Robert Anton Wilson

Este texto de Robert Anton Wilson, extracto de E-mail al universo, habla sobre su ideología. No estoy de acuerdo con él, la verdad, no comparto esa ideología suya, y aún así creo que es bastante interesante.


Nuestro estimado editor, Bob Banner, me ha invitado a contribuir con un artículo sobre si mi ideología política es de "izquierda" o de "derecha", porque evidentemente algunos habitantes de Planilandia insisten en clasificarme como de izquierda y otros, igualmente euclidianos, argumentan que obviamente soy una especie de derechista.

Naturalmente, este debate me intriga. El Poeta rogaba que algún poder nos diera el don de vernos como nos ven los demás; pero todo escritor publicado tiene ese dudoso privilegio. Fui llamado "machista" (por Arlene Meyers) y "un feminista… un tonto mequetrefe pollerudo" (por L.A. Rollins), "uno de los grandes pensadores de la edad moderna" (por Barbara Marx Hubbard) y "estúpido" (por Andrea Chaflin Antonoff), "genio" (por SOUNDS, de Londres ) y "mentalmente perturbado" (por Charles Platt), "místico" y "charlatán" (por la organización escéptica Bay Area Skeptics) y "materialista" (por un caballero anónimo en Seattle, que también me lanzó un pastelazo), uno de mis libros, incluso, ha sido llamado "la más científica de todas las novelas de ciencia-ficción" (por John Gribbon, editor de New Scientist) y "despotricador" (Neal Wilgus). También a menudo soy llamado "satanista" en algunas de las cartas divertidas, iletradas y por lo general anónimas de los fundamentalistas protestantes.


Sólo puedo concluir que de hecho soy como un visitante de dimensiones no euclidianas cuyos contornos son desconcertantes para los habitantes euclidianos dogmáticos de diferentes Planilandias. O bien Lichtenstein tenía razón cuando dijo que un libro "es un espejo. Cuando un mono se mira en él, no va a reflejar a un filósofo". Estamos viviendo en un espacio curvo (como señaló Einstein); eso debería advertirnos que las metáforas euclidianas son siempre engañosas. La ciencia también ha descubierto que puede haber más de un universo, lo que nos debería volver recelosos de cualquier opción del tipo una cosa/u otra. Hay ocho teorías o modelos en la mecánica cuántica, cada una de las cuales utiliza las mismas ecuaciones, pero que tienen significados filosóficos radicalmente diferentes; los físicos han aceptado el enfoque multi-modelo (o "agnosticismo de modelos") desde hace más de 60 años. En la matemática y la lógica moderna, además de la lógica de dos valores (sí/no) de Aristóteles y Boole, hay varias lógicas de tres valores (por ejemplo, el sí, no y tal vez de la lógica cuántica de von Neumann, el sí, no y po del psicólogo Edward de Bono, etc), al menos una lógica de cuatro valores (el verdadero, falso, indeterminado y carente de sentido de Rapoport) y una lógica de valor infinito (Korzybski). Yo mismo he presentado una lógica multi-valuada en mis seminarios de neurociencia; el esqueleto de este sistema se puede encontrar en mi libro, La Nueva Inquisición. Las opciones euclidianas de dos valores - izquierda o derecha de una línea imaginaria - no me parecen muy "reales", en comparación con la versatilidad de la ciencia y la matemática moderna.

En realidad, antes era fácil clasificarme en la topología euclidiana simple. Parafraseando un artículo publicado recientemente por el genial Michael Hoy [Critique # 19/20], yo tenía una Contestadora Automática instalada en mi cerebro cuando era muy joven. Era una Contestadora Automática de derecha en general y católica en particular. Fue instalada por monjas, que eran muy buenas en la creación de este tipo de máquinas y en su implantación en niños indefensos. Al momento de salir de la escuela primaria, en 1945, tenía la respuesta correcta para cada cosa, y era la respuesta correcta que hoy en día oirían, por ejemplo, de William Buckley, Jr.

Cuando entré a la Brooklyn Technical High School, me encontré con muchos jóvenes brillantes y simpáticos que no eran católicos y no tenían ningún tipo de idea de derechas. Al principio, naturalmente, me enfurecían. (Esa es la función de las Contestadoras Automáticas: hacerte tener un subidón de adrenalina - en vez de un pensamiento nuevo - cuando te enfrentas a opiniones diferentes.) Pero estos brillantes jóvenes no católicos - protestantes, judíos, agnósticos, incluso ateos – me fascinaron de cierta manera. El resultado fue que empecé a leer a todos los autores contra los cuales me habían advertido las monjas - especialmente a Darwin, Tom Paine, Ingersoll, Mencken y Nietzsche.

Me encontré flotando en el vacío de la incertidumbre, una sensación que no conocía y por lo tanto incómoda. Me retraje de nuevo al robotismo optando por instalar una nueva Contestadora Automática en mi cerebro. Resultó ser una Contestadora Automática trotskista, adquirida gracias al Partido Internacional de la Juventud Socialista. Elegí esta Contestadora, creo, porque las Contestadoras Automáticas alternativas disponibles por entonces eran menos "papistas" (autoritarias) y por lo tanto más incómodas para mi mente adolescente, aún moldeada por las buenas monjas.

(¿Por qué fui inmune a la religión secular igualmente papista del estalinismo? Creo que la respuesta era mi juventud. Los únicos estalinistas que quedaban en los EE.UU. a fines de los años 40 eran de mediana edad y "cristalizados", como decía Gurdjieff. Los más jóvenes podíamos ver claramente que el estalinismo no era muy diferente del hitlerismo. La alternativa trotskista me permitió sentirme "radical" y moderno, sin llegar a ser un idiota al negar el totalitarismo de la URSS, y me brindó un nuevo mártir redentor como el que tuve en mi infancia católica).

Después de un año, la Contestadora Automática trotskista comenzó a parecerme un fastidio. Empecé a sospechar que los trotskistas eran como clones seculares del Vaticano, lo supieran o no, y que el dogma de la infalibilidad papal no era ni un ápice más absurdo que la sumisión trotskista al Comité Central. Se me hizo claro que había dejado una Iglesia dogmática y me había unido a otra. Incluso sospeché que si Trotsky se hubiera consolidado en el poder, podría haber sido tan dictatorial como Stalin.

En realidad, lo que más me irritaba de los trotskistas (y lo que ahora me parece más divertido) es que yo ya tenía cierta tendencia hacia el individualismo, o a la rareza, o a la herejía; a veces cuestionaba la Línea del Partido. Esto siempre se tradujo en ser denunciado por tener "tendencias burguesas." Eso era irritante entonces, y es divertido ahora, porque yo era realmente el único miembro de esa célula trotskista que no provenía de una familia de clase media. Vengo de una familia de clase trabajadora y era el único "proletario" verdadero entre todos esos marxistas de café.

A la edad de 18 años, entonces, volví al vacío de la incertidumbre. Empecé a sentirme casi cómodo allí, y empecé a regocijarme en mi agnosticismo. Comenzó a hacerme sentir superior a los dogmáticos de todo tipo, y los adolescentes aman sentirse superiores a todo el mundo (especialmente a sus padres - ¿habían notado eso?). Casi al mismo momento de mi periodo trotskista, empecé a leer a los primeros historiadores revisionistas, sobre los cuales había sido advertido por mis maestros de ciencias sociales de la secundaria en tono grave y terrible, como si aquellos hombres hubieran matado un gato en la sacristía. Mis profesores eran demasiado liberales como para decirme que iría al infierno por leer esos libros (como me habían dicho las monjas de Darwin, por ejemplo), pero dejaron bien en claro que los revisionistas eran malvados, horribles, inefables y que probablemente eran una especie de peones del diablo.

Me di cuenta nuevamente de la técnica de control del pensamiento, por lo que leí a todos los revisionistas que pude encontrar. Ellos me convencieron de que los liberales del New Deal habían mentido deliberadamente, manipulando a los EE.UU. para entrar a la Segunda Guerra Mundial y que siguieron mintiendo sobre lo que habían hecho una vez finalizada la guerra. (De hecho, todavía siguen mintiendo.)

El revisionista que más me impresionó fue Harry Elmer Barnes, un liberal clásico que era un tanto marxista (en su metodología) - es decir, en su manera de buscar factores económicos detrás de las acciones políticas. Me hizo gracia y me disgustó el intento de las pandillas del New Deal de desprestigiar al profesor Barnes tildándolo de reaccionario de derecha. Barnes, de hecho, fue un defensor de las ideas progresistas en la educación, la economía, la política, la criminología, la sociología y la antropología toda su vida, pero el New Line Party lo había mancillado tanto que algunas personas sólo lo conocían como el crítico cascarrabias de Roosevelt y asumían que era un republicano de Taft o incluso un pro-nazi. De hecho Barnes apoyó la mayor parte de las políticas domésticas del New Deal, y sólo disintió con el dogma liberal en su oposición a la difusión del aventurismo y el militarismo americano por todo el mundo.

Charles Beard, otro gran historiador de principios liberales clásicos, coincidió en que Roosevelt deliberadamente nos había mentido en la Segunda Guerra Mundial y fue calumniado en la misma manera que el profesor Barnes. Esto no me animó a tener fe en las líneas partidarias, aunque se autodenominasen modernas, liberales, o progresistas.

(Sin embargo, nunca me convencieron los revisionistas del Holocausto, simplemente porque he conocido a un gran número de testigos del Holocausto, o supuestos testigos, en los últimos 40 años. A la mayoría de estas personas las conocí aparentemente por accidente, tanto en Europa como en América. Una conspiración que tiene tantos embusteros plantados en tantos lugares - o que siempre me ha prestado tanta atención especial como para colocar a estos embusteros para que yo me los encontrara - es una conspiración demasiado omnipotente y omnipresente, y por lo tanto demasiado metafísica para que la tome en serio. Una conspiración con poderes tan semejantes a los de Dios podría, en principio, engañarnos acerca de cualquier cosa, y me pregunto por qué los revisionistas del Holocausto todavía creen que la Segunda Guerra Mundial realmente haya sucedido, o que realmente haya acontecido cualquier otro hecho de la historia.)

Cumplí 20 años y me convertí en un empleado (es decir, un robot) en la era de McCarthy y los años de Eisenhower; mi agnosticismo se hizo más total y así lo hizo mi sospecha de que la política es un carnaval o una tontería (como dijo Mencken). Parecía obvio que, mientras que el senador Joe era un mentiroso de magnitud estelar, muchos liberales mentían como locos, también, en un intento de ocultar su afición previa al estalinismo. Eso era algo que yo, como ex trotskista, sabía por experiencia. En los círculos intelectuales de la Costa Este, antes de McCarthy, el estalinismo no sólo era mucho más "admisible" que el trotskismo, sino que era casi chic. Si bien sigo considerando abominable la caza de brujas macarthista de los años 50, también recuerdo que algunas de las víctimas habían participado en una caza de brujas similar contra los trotskistas a principio de la década del 40.

Probablemente es imposible que un mamífero social sea totalmente "apolítico". Si bien era alérgico a las Contestadoras Automáticas, mi mente seguía buscando algunas ideas sociales generales que pudiera tomar más o menos en serio. Durante un tiempo entré y salí de facultades y de trabajos, y busqué ardientemente algún modelo pragmático de la "verdad" que no estuviera conectado a una Contestadora Automática. Y sin embargo, tanto la derecha como la izquierda continuaron pareciéndome como en bancarrota intelectual.

Viniendo de una familia de clase trabajadora, nunca pude sentir mucha simpatía por el tipo de conservadurismo que se encuentra en los Estados Unidos en este siglo. (Tengo una cierta debilidad por los conservadores liberales clásicos del siglo 18, especialmente Edmund Burke y John Adams.) Después de casarme y tener dos hijos que mantener, las abominaciones del sistema capitalista y la ignominia arrastrada del rol de empleado comenzaron a parecerme prisiones; yo era un mal candidato para la causa conservadora. Por otro lado, estaba convencido que los liberales de FDR habían mentido sobre la Segunda Guerra Mundial; primero disfamaron y luego pusieron en una lista negra a los historiadores que habían dicho la verdad; y se habían subido al carro de la Guerra Fría con una alegría macabra.

Yo era anti-guerra por "temperamento" (sea lo que eso sea - ¿Impronta o condicionamiento temprano? ¿Algo genético? no sé la causa exacta de ese sesgo tan profundo y duradero). El dogma marxista me parecía tan estúpido como el dogma católico y tan asesino como el hitlerismo. Ahora me consideraba un agnóstico por principios. No iba a unirme a ninguna otra "iglesia" o someterme a la maldita línea partidaria de nadie.

Mi agnosticismo también se intensificó por influencias tales como la lectura de Nietzsche, el existencialismo, la fenomenología, la Semántica General, y la lógica operacional. Siguen siendo mis principales influencias y quiero decir unas pocas palabras acerca de cada una.

La filosofía del superhombre de Nietzsche no me atraía cuando era joven; viniendo del proletariado, no podía verme a mí mismo como uno de sus aristocráticos Übermenschen. Por otro lado, su crítica del lenguaje y de las implicaciones metafísicas en los idiomas, me causó una gran impresión;  todavía releo uno o dos de sus libros por año, y obtengo nuevos conocimientos semánticos de ellos. Él es, como se jactaba, un hueso duro de roer de una sola vez.

El existencialismo no me llevó de nuevo al marxismo (como lo hizo con Sartre), sino que simplemente magnificó mi desconfianza nietzscheana de los sustantivos con mayúscula y otras abstracciones, y fortaleció mis preferencias por los modos de percepción-concepción sensoriales-sensuales ("existenciales"). Los fenomenólogos - especialmente Husserl y el loco del grupo, Charles Fort - alentaron mi tendencia a sospechar de todas las teorías generales (religiosas, filosóficas, e incluso científicas) y a considerar la experiencia sensorial humana como dato primario.

Mis polémicas contra el fundamentalismo materialista en La Nueva Inquisición y la mística aristotélica de la "ley natural" (compartida por los tomistas y algunos libertarios) en Derecho Natural, O No Ponga una Goma en su Salchicha están basados ??en esta decisión fenomenólogo-existencialista de que voy a "creer" en la experiencia humana, con toda su confusión e incertidumbre, más de lo que jamás "creeré" en abstracciones y los "principios generales".

La Semántica General, formulada por Korzybski, incrementó este sesgo anti-metafísico en mí. Korzybski también destacó que los mejores datos sensoriales (según lo revelado por los instrumentos que refinan los sentidos) indican que vivimos en un continuum no aristotélico, no euclidiano y no-newtoniano. He practicado durante 30 años los ejercicios que recomienda Korzybski para descomponer las ideas aristotélicas-euclidianas-newtonianas enterradas en nuestra habla cotidiana y me reentrené para percibir de forma compatible con lo que nuestros instrumentos indican acerca de la realidad.

Gracias al entrenamiento neurolingüístico de Korzybski, ahora es "natural" para mí pensar más allá de la lógica de una cosa/u otra, percibir la unidad del observador/observado, considerar los "objetos" como invenciones humanas abstraídas de un continuo integral. Muchos físicos creen que he estudiado más física de la que en realidad he estudiado; simplemente he interiorizado neurológicamente la física que conozco.

La lógica operacional (tal como fue formulada por el físico americano Percy Bridgman y recreada por el físico danés Niels Bohr como la interpretación de Copenhague) fue el enfoque científico moderno que más me atrajo en el contexto de los principios funcionales ya mencionados. El método Bridgman-Bohr rechaza las declaraciones que no se refieren a las experiencias concretas de los seres humanos y las considera "sin sentido". (Bridgman fue influenciado por el pragmatismo, Bohr por el existencialismo.) El operacionalismo también se refiere a todas las "leyes" propuestas como simples mapas o modelos que son útiles durante un tiempo determinado. Por lo tanto, el operacionalismo es la "filosofía de la ciencia" que nos aconseja, como Nietzsche y Husserl, usar solamente los modelos cuando son útiles y nunca convertirlos en ídolos o dogmas.

Aunque no me gustan las etiquetas, si tuviera que etiquetar mi actitud aceptaría conforme la de existencialista-fenomenólogo-operacionalista, siempre y cuando ninguno de estos tres términos tenga más importancia que los otros dos.

A fines de los años 50, empecé a leer mucho de "ciencia" económica (o especulación) de nuevo, un tema que me aburría muchísimo desde que había quitado la Contestadora marxista de mi cerebro diez años antes. Comenzaron a fascinarme una serie de alternativas - o "terceros excluidos" - que trascendían el debate trillado entre el capitalismo monopolista y el socialismo totalitario. Mi favorito entre estas alternativas era, y hasta cierto punto sigue siendo, el anarquismo individualista-mutualista de Proudhon, Jossiah Warren, SP Andrews, Lysander Spooner y Benjamin Tucker. No tengo una verdadera fe de que este sistema vaya funcionar tan bien en la práctica como lo hace en la teoría, pero como teoría, todavía me parece una de las mejores ideas que he encontrado.

Esta forma de anarquismo se llama "individualista", ya que se refiere a la libertad absoluta del individuo como el fin supremo a alcanzarse; se llama "mutualista" porque considera que dicha libertad sólo se puede lograr mediante un sistema de consentimiento mutuo, basado en contratos beneficiosos para todos. En esta utopía, la libre competencia y la libre cooperación son alentadas al mismo tiempo; se asume que las personas y los grupos decidirán competir o cooperar sobre la base de las especificaciones concretas de cada caso. (Esto atrae a mi "existencialismo" de nuevo, ya ven.)

El monopolio de los terratenientes es disuadido por el anarquismo individualista-mutualista al abolir las leyes estatales que otorgan la propiedad a quienes no ocupan ni usan la tierra; se prevé, entonces, que la "propiedad", sólo será contractualmente reconocida cuando el "dueño" de hecho ocupe y use la tierra, pero no cuando cobre "renta" para que sea ocupada o utilizada. El monopolio del dinero, concedido por el Estado, también se suprime, y cualquier municipio, grupo, sindicato, etc., puede emitir su propia moneda para que compita; se afirma que esto bajará el interés aproximadamente a cero. Con el alquiler en cero y el interés cerca del cero, se argumenta que se logrará el supuesto objetivo del socialismo (la abolición de la explotación) mediante un contrato libre, sin coacción ni estatismo totalitario. Es decir, el modelo individualista-mutualista sostiene que los monopolios de la tierra y del dinero son los factores que impiden a la libre empresa la producción de los maravillosos resultados esperados por Adam Smith. Con los monopolios de tierras y dinero abolidos, se prevé que la competencia (donde no haya un motivo existencial para la cooperación) y la cooperación (cuando sea reconocida como beneficiosa para todos) evitarán que surjan otros monopolios.

Ya que las fuerzas policiales monopolizadas son notoriamente corruptas y son la base del poder del Estado para intimidar y coaccionar, los sistemas de protección en competencia estarán disponibles en un sistema individualista-mutualista, y no tendríamos que pagar "impuestos" para apoyar una fuerza de protección corrupta que en realidad nos oprime en lugar de protegernos. Sólo tendremos que pagar las cuotas, cuando se considere prudente, a los organismos de protección que verdaderamente realizan el servicio que podamos desear y necesitar. En general, cada comuna o sindicato hará sus propias reglas de juego, pero la tradición mutualista-individualista sostiene que, mediante la experiencia, la mayoría de los municipios elegirán los sistemas que maximicen la libertad y minimizar la coerción.

Siendo receloso de las Contestadoras Automáticas, también estudié y he considerado seriamente otras teorías socio-económicas "utópicas". Todavía soy aficionado al sistema de Henry George (en el que el alquiler no está permitido, pero la libertad de empresa se conserva de otro modo); pero también me gustan las ideas de Silvio Gesell (quien también deroga la renta y todos los impuestos, salvo uno – un impuesto sobre la moneda, que teóricamente debería abolir el interés mediante un truco distinto al de las diferentes monedas en competencia de los mutualistas.)

También veo una conveniencia posible en el sistema económico de C.H. Douglas, quien inventó el Dividendo Nacional - últimamente reemergente, algo mutado, en el Salario Anual Garantizado de Theobold y / o el Impuesto Negativo de Friedman. Y estoy intrigado por la propuesta del Papa León XIII de que los trabajadores deben tener la mayoría de las acciones en sus empresas.

La más interesante de las últimas utopías para mí es la de Buckminster Fuller donde se deroga el dinero y las computadoras gestionan la economía, programadas con una directriz principal para favorecer a todos sin poner a nadie en desventaja - el mismo objetivo buscado por el sistema mutualista de basar la sociedad por completo en los contratos negociados.

Como no tengo la Respuesta Correcta, no sé cuál de estos sistemas funcionaría mejor en la práctica. Me gustaría verlos implementados en diferentes lugares, sólo para ver qué pasa. (Este sistema de múltiples Utopías también fue sugerido por Silvio Gesell, que no estaba convencido de que tuviera una respuesta correcta de la Contestadora, lo cual es otra de las razones por las que me gusta Gesell.) Mi propio sesgo o esperanza o prejuicio es que el anarquismo individualista-mutualista con la ayuda de los ordenadores de Bucky Fuller funcionaría mejor que nada, pero aún carezco de la Fe necesaria para proclamarlo como un dogma.

Hay un principio (o perjuicio) que hace que las alternativas anarquistas y libertarias sean atractivas para mí donde el socialismo de Estado es totalmente repugnante para mis genes-o-improntas. Estoy comprometido con la maximización de la libertad del individuo y la minimización de la coerción. No digo que este objetivo sea una exigencia de alguna "Ley Natural" fantasmal o metafísica, sino simplemente que es la meta que yo, personalmente, he elegido - en el sentido existencialista de elección. (En un lenguaje más ocultista, ese objetivo es mi Verdadera Voluntad.) Todo lo que escribo, de una forma u otra, pretende socavar los sistemas metafísicos y lingüísticos que parecen justificar a algunas autoridades para limitar la libertad de la mente humana, o en implementar la coerción contra los no coercitivos.

...Y luego vino lo que Charles Slack llama "la locura de los años sesenta." Yo fui un temprano experimentador y entusiasta del LSD, el peyote, los hongos mágicos y cualquier otro compuesto que mutara la conciencia. El resultado fue que me volví aún más agnóstico pero menos pedante al respecto. Lo psicodélicos me enseñaron que, al igual que las teorías e ideologías (mapas y modelos) son creaciones humanas y no revelaciones divinas, todas las rejillas perceptuales o túneles de la realidad existenciales también son una creación humana - una obra de arte, consciente o inconscientemente, editada y organizada por el cerebro individual.

Empecé un estudio serio de otros sistemas de alteración de la conciencia, incluyendo las técnicas de yoga, zen, el sufismo y la Cábala. Me convertí en una especie de "místico", aunque todavía en el marco del existencialismo-fenomenología-operacionalismo. Pero, claro, el budismo - el movimiento místico organizado que me parece menos objetable - es también existencial, fenomenólogo y operativista...

El concepto nietzscheano del Superhombre se convirtió finalmente en algo significativo para mí, aunque no en la forma elitista en que él lo veía. Ahora pienso que la evolución es continua, e incluso que se está acelerando: el cerebro humano está evolucionando a un estado que parece sobrehumano en comparación con a toda nuestra historia previa de primates domesticados. Mi ciencia favorita es la neurociencia, y estoy eternamente fascinado por cada nueva herramienta o técnica que rompa los circuitos robóticos en nuestro cerebro (la Contestadora Automática) y que incentive la creatividad, incremente la inteligencia, expanda la conciencia, y, sobre todo, que acrecente la compasión.

No veo ninguna razón para creer que sólo una élite sea capaz de este avance evolutivo, sobre todo porque las nuevas herramientas y técnicas de formación son cada vez más simples. La neurociencia, como toda tecnología, parece seguir la regla de Bucky Fuller de que cada avance nos permite hacer más trabajo con menos esfuerzo y crear más riqueza con menos materia prima.

Una vez que me libré del rol de empleado y me volví un escritor autosuficiente, "los horrores del capitalismo" comenzaron a parecerme menos horribles, ya que no tenía que enfrentarlos todos los días. Me lo tomé de manera filosófica, como todas las personas que se liberan de un sufrimiento agudo. Prefiero vivir en Europa en lugar de pagar impuestos para construir los malditos misiles nucleares de Reagan, pero me gusta visitar los EE.UU. regularmente por la estimulación intelectual...

Estoy apasionadamente de acuerdo con Maurice Nicoll (un médico que domina tanto el sistema de Gurdjieff como el de Jung) cuando escribió que el propósito principal del "trabajo sobre la conciencia" es "disminuir la cantidad de violencia en el mundo." La principal diferencia entre nuestro mundo y el Swift es que, si bien hemos dejado de matarnos unos a otros por diferencias religiosas (fuera del Oriente Medio e Irlanda del Norte), hemos desarrollado una pasión loca por matarnos unos a otros por diferencias ideológicas. Considero a la Ideología Organizada con el mismo horror que Voltaire tenía por la religión organizada.

Concretamente, de hecho soy un feminista, como afirmó L.A. Rollins (...), al igual que todos los libertarios, me opongo a las leyes de delitos sin víctimas, todas las leyes de control de drogas, y todas las formas de censura (ya sea de parte de los reaccionarios o de Comités Revolucionarios o de feministas radicales).

Odio apasionadamente a la violencia, pero no soy un pacifista dogmático, ya que no tengo la Contestadora Automática con las Respuestas Correctas de Joan Baez en mi cabeza. Sé que mataría a un agresor armado en una situación de crisis concreta que fuera la única defensa de las vidas concretas de las personas concretas que amo, aunque nunca mataría a una persona o incluso siquiera emplearía la violencia menor, o la coacción física, en nombre de Abstracciones o Gobiernos (que son todos unos malditos mentirosos.) Todas estas son cuestiones de elección existencial de mi parte, y no dogmas revelados a mí por algún dios o algún filósofo/sacerdote de la Ley Natural.

Yo prefiero los diferentes sistemas utópicos que he mencionado a la posición conservadora de que la humanidad es incorregible y también creo que si ninguno de los escenarios utópicos son viables, con el tiempo llegará algún sistema mejor que cualquiera que hayamos conocido. Comparto la Visión Jeffersoniana (¿"liberal"?) de que la mente humana puede superar todos los límites anteriores en una sociedad donde la libertad de pensamiento sea la norma y no la excepción.

¿Todo esto me convierte en un hombre de izquierda o de derecha? Esa elección se la dejo a los euclidianos. Si tuviera que resumir mi credo social en el espacio más breve posible, me gustaría citar a Alexander Pope en su Ensayo Sobre el Hombre:

Por las formas de Gobierno, dejemos que los tontos compitan;

Quien administre mejor será el mejor:

Por los modos de Fe dejemos que los desgraciados fanáticos luchen;

Él no puede equivocarse sobre quién tiene derecho a vivir.

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