El premio por excelencia del
mundo, el más importante, el más prestigioso, es el cedido por Alfred Nobel. El
inventor de la dinamita cedió su fortuna para que, después de su muerte, se
crearan premios para celebrar las cosas buenas de la Humanidad, intentando
compensar así el daño que había podido hacer la dinamita mal usada. No sé hasta
qué punto llegaba su altruismo (parece que ni se le pasó por la cabeza ceder su
fortuna mientras estaba vivo), pero probablemente hoy se retorcería en su
tumba.
No es ningún secreto que los
premios Nobel de Economía, por ejemplo, siempre han sido una mierda. La mayoría
de ellos están dedicados a cosas que, o bien son totalmente inútiles, o bien
sólo sirven para explotarnos mejor. Generalmente, este premio trata de lamer el
culo a los grandes banqueros.


