miércoles, 5 de noviembre de 2025
miércoles, 7 de diciembre de 2022
Reseña de Jerusalén, de Alan Moore (edición corregida)
En su momento, hice una reseña sobre Jerusalén, la monstruosa obra de Alan Moore, cuando salió la edición española (http://kallixti.blogspot.com/2020/01/resena-de-jerusalen-de-alan-moore.html). Como quizá sepáis, la edición estaba mal corregida, por no haber dado tiempo suficiente a que el traductor, José Torralba, acabara su obra. En un ejercicio de honradez, al menos, a quienes habíamos comprado la primera edición, la editorial Minotauro nos envió sin coste alguno la edición bien corregida que salió posteriormente. Después de recibir esta edición (con el estuche un poco roto, pero no pasa nada, porque puedo usar el estuche de la edición mal traducida), creo que tengo que reseñar también ésta.
Así pues, intercalaré párrafos de la reseña anterior con nuevas apreciaciones correspondientes a la edición corregida. Esto podría quedar raro, por mezclar cosas escritas cuando estaba leyendo la novela por primera vez con cosas escritas ahora, pero eh, precisamente leer algo que transcurre en distintos momentos del tiempo mezclándose parece muy adecuado para una reseña de Jerusalén.
La intención es que la reseña no tenga demasiados spoilers. Digo “no demasiados”, pero serán inevitables algunos, así que supongo que si alguien está interesado en leerla no le interesará leer más que unos párrafos de esta reseña. Sin embargo, la complejidad de esta obra, su asombrosa extensión y la importancia que podría tener para la literatura -aunque seguramente no llegue a tenerla-, por su originalidad, me lleva a pensar que esta reseña podría interesar incluso a gente que ya haya decidido que no quiere leer Jerusalén. Simplemente... a modo de reseña de un hito. Escribir esta novela tiene tanto mérito y es un asunto tan curioso que creo que puede llegar a ser interesante leer sobre ella, sólo para saber lo que se puede llegar a hacer juntando palabras. A su vez, en la reseña original, traté de no leer otras reseñas o explicaciones de esta obra para así poder decir sólo lo que yo interpreto de ella, sólo lo que me parece a mí, con mi bagaje cultural y mi conocimiento previo de otras obras de Moore. De esta forma no me dejé influir por otras interpretaciones; en esta nueva versión de la reseña pues ya es inevitable, claro, ya he leído otras.
Al empezar, Jerusalén recuerda principalmente a James Joyce, dada su extraordinaria habilidad para convertir actos cotidianos en una gran obra de la literatura (destaca en ese aspecto Ulises, claro). De hecho, sabemos que el planteamiento es similar al de Ulises, al escribirse los capítulos en estilos literarios distintos. El punto de vista inicial es el de una niña de 5 años, lo que recuerda a otra novela de Joyce, Retrato del artista adolescente. Sin embargo, la manera en la que Moore se mete en el cerebro de la niña y explica con lenguaje complicado los pensamientos de una niña (asustándose porque las tiendas están cerradas, tratando de recordar cuál era el camino, etc) recuerda más a otra obra anterior de Moore, El amnios natal.
miércoles, 15 de diciembre de 2021
La estantería: Algunas recomendaciones literarias (I)
domingo, 4 de julio de 2021
El hombre que enseñó a hablar a su culo
Un fragmento de El almuerzo desnudo, por William Burroughs, para amenizar un poco este blog. Siempre es buen momento para leer a William Burroughs... o no. Tal vez hay algunos momentos en los que no.
¿Le conté alguna vez lo del hombre que enseñó a hablar a su culo? Movía el abdomen entero arriba y abajo, ¿entiende?, pedorreaba las palabras. Nunca había oído nada semejante.
»El habla del culo aquel tenía una especie de
frecuencia intestinal. Te pegaba justo en los labios, y te entraban las ganas.
Como cuando el colon avisa y sientes una especie de frío por dentro y sabes que
no tienes más remedio que soltar la tripa, ¿entiendes? Pues aquella voz te
pegaba justo ahí abajo, un sonido espeso, pringoso, borboteante, un sonido que
se podía oler.
miércoles, 29 de enero de 2020
Reseña de Jerusalén, de Alan Moore
Voy a tratar de hacer una reseña sin demasiados spoilers sobre Jerusalén, la monstruosa obra de Alan Moore, sobre la marcha. Digo sin demasiados spoilers, pero serán inevitables algunos, así que supongo que si alguien está interesado en leerla no le interesará leer más que unos párrafos de esta reseña. Sin embargo, la complejidad de esta obra, su asombrosa extensión y la importancia que podría tener para la literatura -aunque seguramente no llegue a tenerla-, por su originalidad, me lleva a pensar que esta reseña podría interesar incluso a gente que ya haya decidido que no quiere leer Jerusalén. Simplemente... a modo de reseña de un hito. Escribir esta novela tiene tanto mérito y es un asunto tan curioso que creo que puede llegar a ser interesante leer sobre ella, sólo para saber lo que se puede llegar a hacer juntando palabras. A su vez, voy a tratar de no leer otras reseñas o explicaciones de esta obra para así poder decir sólo lo que yo interpreto de ella, sólo lo que me parece a mí, con mi bagaje cultural y mi conocimiento previo de otras obras de Moore. De esta forma no me dejo influir por otras interpretaciones y tal vez saque algo interesante, aunque sólo sea precisamente porque se me escapen referencias y las tome como otras cosas.
Al empezar, Jerusalén recuerda principalmente a James Joyce, dada su extraordinaria habilidad para convertir actos cotidianos en una gran obra de la literatura (destaca en ese aspecto Ulises, claro). De hecho, sabemos que el planteamiento es similar al de Ulises, al escribirse los capítulos en estilos literarios distintos. El punto de vista inicial es el de una niña de 5 años, lo que recuerda a otra novela de Joyce, Retrato del artista adolescente. Sin embargo, la manera en la que Moore se mete en el cerebro de la niña y explica con lenguaje complicado los pensamientos de una niña (asustándose porque las tiendas están cerradas, tratando de recordar cuál era el camino, etc) recuerda más a otra obra anterior de Moore, El amnios natal.
miércoles, 20 de noviembre de 2019
Collage
miércoles, 19 de junio de 2019
Drogas. Datos importantes que la gente no suele saber. 11: DMT
miércoles, 7 de noviembre de 2018
Drogas: Datos importantes que la gente no suele saber. 4: Opio y derivados
miércoles, 7 de febrero de 2018
Top 100 cómics (1-20)
miércoles, 19 de octubre de 2016
Guía de referencias de las portadas de Promethea (I)
Número 1
Este número tiene dos portadas, una de Alex Ross y otra de JH Williams III y Mick Gray.
domingo, 2 de octubre de 2016
Las cartas del yagé
miércoles, 13 de julio de 2016
Microrrelato punk: El cañón de fetos
miércoles, 15 de junio de 2016
Reflexiones chorras: Timothy Leary
sábado, 2 de enero de 2016
Willy Urano
domingo, 30 de agosto de 2015
La belle dame sans merci
Las cuatro historias más extrañas y atemorizantes sobre drogas que conozco involucran a la belladona, una substancia por la cual ahora siento el mismo respeto sincero que tengo hacia los tigres hambrientos, los terremotos, las inundaciones, los incendios, el IRS, y el Dr. Hannibal Lecter.
La primera historia que contaré viene de un amigo que en los 60s fue un hippie pasado de rosca pero ahora, en 2004, es doctor en psicología. Probó la belladona en 1965 con la impresión de que provocaba casi los mismos efectos que el LSD. Cuando inmediatamente comenzó a tener convulsiones por la intoxicación, sus amigos lo llevaron apresurados al hospital donde el personal de la sala de urgencias le realizó un lavaje de estómago – probablemente salvándole la vida, pero demasiado tarde para salvarlo del delirio, debido a que la belladona ya había ingresado a su torrente sanguíneo.
domingo, 16 de agosto de 2015
La enfermedad
sábado, 9 de mayo de 2015
Devolvednos los colores
"Directorios Sindicatos Gobiernos de la tierra Paguen — Devuelvan el Color que robaron —
"Paguen el Rojo — Devuelvan el rojo que robaron para sus banderas mentirosas y sus anuncios de Coca Cola — Devuelvan ese rojo al pene y la sangre y el sol —
miércoles, 8 de abril de 2015
España
domingo, 11 de enero de 2015
Citas de William S. Burroughs
El lenguaje es un virus.
Nuestra droga nacional es el alcohol. Tendemos a considerar el uso de cualquier otra droga con especial horror.
La droga es el producto ideal...La mercancía definitiva. No hace falta literatura para vender. El cliente se arrastrará por una alcantarilla para suplicar que le vendan...El comerciante de droga no vende su producto al consumidor, vende el consumidor a su producto. No mejora ni simplifica su mercancía. Degrada y simplifica al cliente.









