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domingo, 6 de septiembre de 2026

No tiene por qué ser como es

Hoy, un artículo de Ursula K. Le Guin, que recogió en No time to spare, sobre el poder subversivo de la fantasía.



"La prueba del mundo de las hadas [es que] no puedes imaginar que dos más uno no sean tres, pero sí puedes imaginar fácilmente que los árboles no den frutos; puedes imaginarlos dando candelabros dorados o tigres colgados de la cola."

La cita, de G. K. Chesterton, procede de un interesante artículo de Bernard Manzo publicado en el Times Literary Supplement del 10 de junio de 2011 (no indicó la fuente concreta en los escritos de Chesterton). Esto me llevó a reflexionar sobre cómo funciona la literatura imaginativa, desde los cuentos populares hasta la fantasía, y a preguntarme por su relación con la ciencia, aunque solo abordaré este tema al final de este artículo.

El relato fantástico puede suspender las leyes de la física —las alfombras vuelan; los gatos se vuelven invisibles, dejando solo una sonrisa— y de la probabilidad —el menor de tres hermanos siempre se queda con la novia; el bebé en la cesta arrojada a las aguas sobrevive ileso—, pero no lleva más allá su rebelión contra la realidad. El orden matemático es incuestionable. Dos más uno son tres, tanto en el castillo de Koschei como en el País de las Maravillas de Alicia (especialmente en el País de las Maravillas). La geometría de Euclides —o quizá la de Riemann—, la geometría de alguien, en cualquier caso, rige la estructura. De lo contrario, la incoherencia invadiría y paralizaría la narración.

lunes, 24 de noviembre de 2025

Trece coros por el Divino Marqués

Dejo por aquí este texto de Robert Anton Wilson, una curiosa y elaborada forma de defender al Marqués de Sade que incluye reflexiones muy interesantes sobre ética, castigo y la naturaleza humana, al menos tal y como la entendemos en las sociedades actuales. Está formada por doce pequeños fragmentos (no, yo tampoco sé dónde está el decimotercero), todos ellos con la misma estructura: una cita para abrirlos, alternativamente de la propia obra de Sade o de la obra de teatro Marat/Sade de Peter Weiss, y una llamada de teléfono imaginaria que termina con un clic que incluye una analogía ingeniosa. Es uno de los textos recopilados en el libro Coincidence - A head test, pero su publicación original fue en la revista The Realist; no he conseguido averiguar en qué fecha, aunque supongo, por el contexto, que es de finales de los 60. Esto me ha sorprendido, porque Robert Anton Wilson no se puso a escribir "en serio" hasta 1972, pero este texto es muy elaborado, muy en la línea de sus mejores obras, ingenioso, bien estructurado y rebosando de referencias culturales.

El texto no estaba disponible en castellano, así que la traducción que presento aquí es básicamente de un traductor automático con unos cuantos retoques por mi parte (de hecho, también he retocado un par de cosas respecto al texto original; hay un momento en el que ponía "immortality" cuando estoy bastante seguro de que quería decir "immorality"; también llama Ravechel a un personaje de la obra de Sade, cuando, hasta donde yo sé, no existe tal personaje y la cita que le atribuye la pronuncia Dubois).

No coincido completamente con las ideas de este texto, por cierto. Por ejemplo, Marx me cae algo mejor que a RAW. También tengo menos confianza que él en el psicoanálisis y, de hecho, me parece que ciertas ideas que el psicoanálisis tenía sobre la homosexualidad no sólo son incorrectas sino que han quedado terriblemente anticuadas. Tampoco tengo tan claro que la interpretación que hace de algunas de las ideas de Sade sea acertada. Pero con la mayor parte de las ideas expuestas en este texto sí coincido y, además, creo que son de suma importancia en este momento histórico en el que incluso entre los movimientos que se definen como antipunitivistas parece haber un ansia insaciable de castigo.



Trece coros por el Divino Marqués

por Robert Anton Wilson


PRIMER CORO

  “Tienes miedo de la gente sin ataduras,

¡qué ridículo!”

— Sade1


Soñé que llamaba por teléfono a Rita Hayworth y le preguntaba si oía a los bebés de Hiroshima gritar por la noche.

«No», me respondió, «solía tener problemas un poco raros como ése, pero mi psicoanalista los resolvió todos».

Pero —insistí—, al fin y al cabo, era tu foto la que estaba pintada en la bomba. No la de Harry Truman, ni la de Einstein, ni siquiera la de Marilyn Monroe. La tuya.

«Bueno, sí, si quieres verlo así», dijo ella. «Pero, por Dios, aquellos días ponían mi foto en todas partes».

Pero, pero —grité—, ¿no sientes ninguna responsabilidad?

«Espera un momento, Mac», dijo ella, «¿qué eres, algún tipo de loco? Nadie me preguntó nada al respecto. Simplemente fueron con ello y la tiraron».

Pero, pero, pero —grité—, toda esa gente —550 000, según una estimación que leí— destrozada por una foto tuya...

—Mira, Clyde —dijo con firmeza—. Mi psicoanalista me dijo que no sirve de nada darle vueltas a esas cosas.

Y la línea se cortó con un clic hueco, como un ataúd que se cierra sobre Drácula mientras el sol de la mañana proyecta sus blancas y fantasmales radiaciones nucleares en la fría oscuridad del sueño.

lunes, 27 de octubre de 2025

La cocaína

 Este pequeño artículo del anarquista Errico Malatesta fue publicado en Umanità Nova en 1922. Creo que es interesante, porque a veces se concibe el discurso contra el prohibicionismo como una aparición relativamente nueva de las políticas sobre drogas, y se tiende a olvidar un poco voces que ya hablaban contra la prohibición desde la época en que empezó a existir, como ésta (o la de Aleister Crowley, por poner otro ejemplo).


En Francia existen leyes severas contra quien usa y quien expende cocaína. Y, como es habitual, el azote se extiende y se intensifica a pesar de las leyes y quizá a causa de las leyes. Igualmente en el resto de Europa y en América.

El doctor Courtois, de la Academia de Medicina francesa, que ya el año pasado había lanzado un grito de alarma contra el peligro de la cocaína, comprobado el fracaso de la legislación penal, pide… nuevas y más severas leyes. Es el viejo error de los legisladores, a pesar de que la experiencia haya siempre, invariablemente, demostrado que nunca la ley, por bárbara que sea, ha servido para suprimir un vicio, o para desanimar el delito. Cuanto más severas sean las penas impuestas a los consumidores y a los negociantes de cocaína, más aumentará en los consumidores la atracción por el fruto prohibido y la fascinación por el peligro afrontado, y en los especuladores, la avidez de ganancia, que es ya ingente y crecerá con el crecer de la ley.

Es inútil esperar nada de la ley. Nosotros proponemos otro remedio.

Declarar libre el uso y comercio de la cocaína, y abrir las expendedurías en las que la cocaína sea vendida a precio de costo, o incluso, bajo costo. Y después hacer una gran propaganda para explicar al público y poner al alcance de la mano los daños de la cocaína; nadie haría propaganda contraria porque nadie podría ganar con el mal de los cocainómanos.

Ciertamente, con esto no desaparecería completamente el uso dañino de la cocaína, porque persistirían las causas sociales que causan los desgraciados y los empujan al uso de drogas. Pero, de cualquier modo, el mal disminuiría, porque nadie podría ganar con la venta de las drogas, y nadie podría especular con la caza de los especuladores. Y por eso, nuestra propuesta no será tomada en consideración, o será tratada de quimérica y loca. Sin embargo la gente inteligente y desinteresada podría decir: “Después de que las leyes penales se han mostrado impotentes, ¿no estaría bien, al menos a título de experimento, probar el método anarquista?”.

martes, 8 de julio de 2025

La insurrección que viene: La noción de "trabajo"

Un fragmento que me pareció interesante de La insurrección que viene, obra del Comité Invisible.


Admitimos la necesidad de conseguir dinero —no importa por qué medios— porque actualmente es imposible pasar sin él, pero no la necesidad de trabajar. Además, ya no trabajamos: curramos. La empresa ya no es un lugar en el que existimos, es un lugar que atravesamos. No somos cínicos, sólo reticentes a que se nos engañe. Los discursos sobre la motivación, la calidad y la implicación personal nos resbalan, para desgracia de los gestores de recursos humanos. Dicen que estamos decepcionados con la empresa, que no ha honrado la lealtad de nuestros padres, que los ha despedido sin escrúpulos. Mienten. Para estar decepcionado, primero hay que esperar algo. Y nunca hemos esperado nada de ella: la vemos tal como es y nunca ha dejado de ser, una estafa de confort variable. Sentimos que nuestros padres cayeran en la trampa; al menos, aquellos que se lo creyeron.

La confusión de sentimientos que rodea la cuestión del trabajo puede explicarse de esta manera: la noción de trabajo ha abarcado siempre dos dimensiones contradictorias. Una dimensión de explotación y una dimensión de participación. Explotación de la fuerza de trabajo individual y colectiva por la apropiación privada o social de la plusvalía; participación en una obra común a través de los vínculos que se tejen entre aquellos que cooperan en el seno del universo de la producción. Estas dos dimensiones se confunden perniciosamente en la noción de trabajo, lo cual explica la indiferencia de los trabajadores, a fin de cuentas, hacia la retórica marxista, que niega la dimensión de participación, así como hacia la retórica empresarial, que niega la dimensión de explotación. De ahí, también, la ambivalencia de la relación con el trabajo, al mismo tiempo deshonroso, puesto que nos vuelve extraños ante lo que hacemos, y adorado, en la medida en que una parte de nosotros mismos está en juego. El desastre aquí es previo: reside en todo aquello que ha sido necesario destruir, en todos aquellos a los que ha habido que desarraigar para que el trabajo termine por aparecer como la única manera de existir. El horror del trabajo no está tanto en el propio trabajo como en el asolamiento metódico, desde hace siglos, de todo aquello que no es él: familiaridades de barrio, de oficio, de pueblo, de lucha, de parentesco; apego a lugares, seres, estaciones, modos de hacer y de hablar.

domingo, 22 de diciembre de 2024

La teoría de la bolsa de transporte en la ficción

Hoy quería compartir este pequeño ensayo de Ursula K. Le Guin que me parece fascinante. Algunas de las ideas que expone aquí jamás se me habrían ocurrido, y otras, precisamente, sí las compartía, pero no habría sabido ponerlas en palabras de forma tan certera. Habla sobre qué le gusta a escribir, sobre antropología y sobre qué relatos se cuentan y qué relatos se pueden contar.

 

En las regiones templadas y tropicales en las que parece que los homínidos evolucionaron para transformarse en seres humanos, el principal alimento de la especie eran los vegetales. Entre un sesenta-y-cinco y un ochenta por ciento de lo que los humanos comían en aquellas regiones en el Paleolítico, el Neolítico y los tiempos prehistóricos era recolectado [como cuando decimos cazadores-recolectores]; solo en el Ártico extremo era la carne el alimento básico. Los cazadores de mamuts ocupan espectacularmente las paredes de las cuevas y nuestras mentes, pero lo que efectivamente hacíamos para seguir vivos y gordos era recoger semillas, raíces, brotes, pequeñas plantas, hojas, frutos varios y cereales, añadiéndoles insectos y moluscos, y atrapando pájaros, peces, ratas, conejos y otros pequeños animales sin colmillos, para aumentar las proteínas. Y ni siquiera teníamos que trabajar duro para todo aquello — mucho menos duro que los campesinos esclavizados en los campos de otros después de que la agricultura fuera inventada, mucho menos duro que los trabajadores asalariados desde que la civilización fuera inventada. La persona prehistórica típica podía vivir bastante bien trabajando unas quince horas a la semana.

Quince horas de trabajo a la semana para sobrevivir dejan un montón de tiempo para otras cosas. Tanto tiempo que es posible que algunos inquietos, que no tuvieran un niño cerca para darles vida, o habilidad haciendo cosas o cocinando o cantando, o pensamientos muy interesantes que pensar, decidieran salir de aventuras y cazar mamuts. Los cazadores habilidosos volverían con un cargamento de carne, un montón de marfil y un relato. La carne no era lo importante. Lo importante era el relato.

domingo, 29 de septiembre de 2024

La hipocresía del puritanismo

Hoy toca compartir un texto interesante de Emma Goldman, que nunca viene mal. 

Hablando del puritanismo respecto al arte, Mr. Gutzon Borglum ha dicho:

El puritanismo nos ha hecho tan estrechos de mente y de tal modo hipócritas y ello por tan largo tiempo, que la sinceridad, así como la aceptación de los impulsos más naturales en nosotros han sido completamente desterrados con el consecuente resultado que ya no pudo haber verdad alguna, ni en los individuos ni en el arte.

Mr. Borglum pudo añadir que el puritanismo hizo también imposible e intolerable la vida misma. Esta, más que el arte, más que la estética, representa la belleza en sus miles cambiantes y variaciones es, en realidad, un gigantesco panorama en mudanza continua. Y el puritanismo, al contrario, fijó una concepción de vida inamovible; se basa en la idea calvinista, por la cual la existencia es una maldición que se nos impuso por mandato de Dios. Con la finalidad de redimirse, la criatura humana ha de penar constantemente, deberá repudiar todo lo que le es natural, todo sano impulso, volviéndole la espalda a la belleza y a la alegría.

El puritanismo inauguró su reinado de terror en Inglaterra durante los siglos XVII y XVIII, destruyendo y persiguiendo toda manifestación de arte y cultura. Ha sido el espíritu del puritanismo el que le robó a Shelley sus hijos porque no quiso inclinarse ante los dictados de la religión. Fue la misma estrechez espiritual que enemistó a Byron con su tierra natal; porque el genio supo rebelarse contra la monotonía, la vulgaridad y la pequeñez de su país. Ha sido también el puritanismo el que forzó a algunas mujeres libres de Inglaterra a incurrir en la mentira convencional del matrimonio: Mary Wollstonecraft, luego, George Elliot. Y más recientemente también exigió otra víctima: Oscar Wilde. En efecto, el puritanismo no cesó nunca de ser el facto más pernicioso en los dominios de John Bull, actuando como censor en las expresiones artísticas de su pueblo, estampando su consentimiento solamente cuando se trataba de la respetable vulgaridad de la mediocracia.

domingo, 16 de junio de 2024

Las uvas de la ira: Algún día, las oraciones se acabarían

Otro cachito de la brillante novela de John Steineck, recordándonos la inevitabilidad de algunas cosas.

Y en Kansas y Arkansas, en Oklahoma y en Tejas y Nuevo Méjico, los tractores invadían más tierras y echaban a los arrendatarios.

Trescientos mil en California y más en camino. En California, carreteras repletas de gente frenética que corría como hormigas a arrastrar, empujar, levantar, trabajar. Por cada carga que pudiera levantar un hombre surgían cinco pares de brazos para levantarla; ante cada ración de comida que se podía conseguir se abrían cinco bocas.

Y los grandes propietarios, los que deben ser desposeídos de su tierra por un cataclismo, los grandes propietarios con acceso a la historia, con ojos para leer la historia y conocer el gran hecho: cuando la propiedad se acumula en unas pocas manos, acaba por serles arrebatada. Y el hecho que siempre acompaña: cuando hay una mayoría de gente que tiene hambre y frío, tomará por la fuerza lo que necesita. Y el pequeño hecho evidente que se repite a lo largo de la historia: el único resultado de la represión es el fortalecimiento y la unión de los reprimidos. Los grandes propietarios hicieron caso omiso de los tres gritos de la historia. La tierra fue quedando en menos manos, aumentó el número de los desposeídos y los propietarios dirigieron todos sus esfuerzos a la represión. El dinero se gastó en armas, y en gasolina para mantener la vigilancia en las enormes propiedades y se enviaron espías que recogieran las instrucciones susurradas para la revuelta, de forma que ésta pudiera ser sofocada. La economía en proceso de cambio fue ignorada, al igual que los planes del cambio; y sólo se consideraron los medios para extinguir la revuelta, mientras persistían las causas de la misma.

domingo, 19 de mayo de 2024

Kingdom of Heaven III - The Antediluvian Universe

Creo que he comentado alguna vez que Kingdom of Heaven, de Epica, me parece la mayor obra de arte musical jamás creada. Creo que en Epica también se dieron cuenta y por eso sacaron años después una segunda parte, y otros años después, una tercera, ésta. Y, sin llegar al nivel de la primera parte, también me parece una obra de arte, también.

domingo, 17 de marzo de 2024

Cuando niño, buscaba yo fantasmas

Hoy toca compartir un poema de Percy B. Shelley, por qué no. 


Cuando niño, buscaba yo fantasmas

en calladas estancias, cuevas, ruinas

y bosques estrellados; mis temerosos pasos

ansiaban conversar con los difuntos.

Invocaba esos nombres que la superstición

inculca. En vano fue esa búsqueda.

Mientras meditaba el sentido

de la vida, a la hora en que el viento corteja

cuanto vive y fecunda

nuevas aves y plantas,

de pronto sobre mí cayó tu sombra.

Mi garganta exhaló un grito de éxtasis.

lunes, 8 de enero de 2024

Los Invisibles

 Última recopilación de frases interesantes de Los Invisibles, lo mismo anima a alguien a leer esta obra, que siempre es recomendable.


"Por el caos"-King Mob.


"Cuando el miedo es lo único que existe, no existe el miedo. El dolor eterno deja de ser dolor. Cuando los recordamos y los reconocemos como lo que son realmente, dejan de esclavizarnos"-John A. Sueños.


"Vienen con sus trajes, Jacqui... "los queridos tripeados", "la buena gente", los elfos máquina del hiperespacio... toda la mierda en la que creíamos cuando estábamos colocados por la E... es real y somos nosotros, Jacqui... por debajo de los trajes sólo es nosotros..."-King Mob.

domingo, 5 de noviembre de 2023

Sé que soy un texto

Dejo por aquí un cachito de Jerusalén, de Alan Moore, que creo que puede ser conveniente para que se entienda lo bueno que es. 


Sé que soy un texto. Sé que me estás leyendo. Ésa es la principal diferencia que existe entre nosotros: tú ignoras que eres un texto. Ignoras estar leyéndote. Lo que tomas por una vida soberana que recorres libremente es, en realidad, un libro ya escrito con el que te has quedado absorto, y no por primera vez. Cuando concluyes la actual lectura, cuando sellas la tapa del ataúd cerrando la contracubierta, olvidas de inmediato el esfuerzo de haberlo descifrado y vuelves a cogerlo, tal vez atraído por la asombrosa y heroica imagen de ti mismo que hay impresa en la portada.

Vadeas una vez más la glosolalia del inicio de la novela y esa acongojante escena del parto, toda en primera persona, descrita brumosamente como una confusión de nuevos sabores, esencias y luces aterradoras. Te recreas con júbilo en los pasajes de la niñez y paladeas el enérgico desarrollo de los nuevos personajes a medida que se incorporan, la madre y el padre, los amigos y familiares, los enemigos, siempre con peculiaridades memorables, con encantos singulares. Embriagado con estas proezas juveniles, te das cuenta de que lees de pasada algunos episodios posteriores por puro aburrimiento, que hojeas las páginas de tus días y saltas hacia delante, impaciente por llegar al contenido adulto y la pornografía que asumes que te aguardan en el siguiente capítulo.

Cuando éstas resultan ser alegrías menos puras, menos abundantes de lo que suponías, te sientes algo engañado y bramas contra el autor por un tiempo. Para entonces, sin embargo, los temas capitales de la trama brotan a tu alrededor en la narrativa: locura, amor y pérdida, destino y redención. Comienzas a entender la verdadera escala de la obra, su profundidad y su ambición, cualidades que se te habían escapado hasta ahora. Hay una aprensión incipiente, una sensación de que la historia podría no caer en las categorías que hasta ahora habías asumido, que eran las de aventura picaresca o la comedia sexual. De manera alarmante, el relato supera las reconfortantes fronteras del género para adentrarse en el incómodo territorio del vanguardismo. Por primera vez, te preguntas si habrás intentado abarcar demasiado, si te habrás embarcado por error en una plomiza obra maestra, cuando lo único que pretendías era coger algo distraído, una lectura vacacional para el aeropuerto o la playa. Empiezas a dudar de tus aptitudes como lector, de tu capacidad para llevar a buen término esta fábula mortal sin perder la concentración. Y, aún si logras concluirla, dudas de ser lo suficientemente astuto como para entender el mensaje de la saga, y eso si hay mensaje alguno. En tu fuero interno sospechas que se te escapará por completo, pero, pese a ello, no puedes sino seguir viviendo, seguir arrancando páginas del calendario, siempre urgido por esta cita de la cubierta que rezaba así: “si vas a leer un solo libro en tu vida, que sea éste”.

domingo, 24 de septiembre de 2023

Las uvas de la ira: Todos tenemos que ganarnos la vida

Otro fragmento de Las uvas de la ira que me parece muy didáctico.


 El propietario intervino:

–Si quiere detenerse aquí y acampar, le costará medio dólar. Hay sitio para acampar, agua y leña. Y nadie le molestará.

–¡Qué demonios! –exclamó Tom–. Podemos dormir en la cuneta al lado de la carretera y nos sale gratis.

El dueño tamborileó en la rodilla con los dedos.

–El encargado del sheriff suele pasar por la noche. Se lo puede poner difícil. En este estado la ley prohíbe dormir afuera. Hay una ley de vagabundos.

–Y si le pago a usted cincuenta centavos, ya no soy un vagabundo, ¿eh?

–Exactamente.

Los ojos de Tom brillaron con furia.

–¿El encargado del sheriff no será cuñado de usted por casualidad?

domingo, 23 de julio de 2023

Gloomy Sunday

Hoy toca una canción, y que sea Gloomy Sunday, por qué no. Tiene la fama de ser una canción que incita al suicidio, dado el final que sufrió su compositor o el hecho de que haya gente que efectivamente la haya usado como una especie de carta de despedida al suicidarse. Pero creo que de usar una canción como carta de despedida en un suicidio por lo melancólica que es su letra a que sea la canción la que incita al suicidio hay un abismo; más incitan al suicidio otras canciones por lo malas que son, creo yo. Así que dejo esta canción aquí sin segundas intenciones más allá de lo buena y conmovedora que me parece. Esta versión está cantada por Sarah Brightman.


Sunday is gloomyMy hours are slumberlessDearest the shadowsI live with are numberless
Little white flowersWill never awaken youNot where the black coachOf sorrow has taken you

domingo, 21 de mayo de 2023

Me celebro y me canto a mí mismo

 Hoy toca compartir los primeros versos del Canto a mí mismo de Walt Withman, por qué no. Que siempre viene bien un poco de optimismo y de alegría por vivir.




Me celebro y me canto a mí mismo.

Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti,

porque lo que yo tengo lo tienes tú

y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también.

Vago… e invito a vagar a mi alma.

Vago y me tumbo a mi antojo sobre la tierra

par ver cómo crece la hierba del estío.

Mi lengua y cada molécula de mi sangre nacieron aquí,

de esta tierra y de estos vientos.

domingo, 9 de abril de 2023

Somos moléculas inertes

Un pequeño fragmento de Serpientes y Escaleras, de Alan Moore, que me vino a la mente hace poco, de hecho, porque creo que en tres parrafitos contrasta muy bien la aparente insignificancia de la vida en el Universo con la importancia que tiene.

Somos moléculas inertes, unidas por el código fortuito que está grabado en nuestros genes. Barro que se alza. Las sustancias químicas se mezclan en nuestro sedimento, y en nuestras interacciones y combustiones nos imaginamos que sentimos, nos imaginamos que amamos. Nos reproducimos, con matemática previsibilidad como esporas en una placa de Petri. Funcionamos por corto tiempo, luego nos hundimos una vez más en el barro sin conciencia.

Somos una simple contingencia, un movimiento inquieto de suciedad sin importancia y a pesar de ello Rossetti pinta a su difunta Elizabeth, con su cabeza inclinada hacia atrás sobre su garganta imposiblemente delgada, con sus ojos cerrados frente a la luz dorada que la rodea.

El barro contempla al barro, y comprende que es hermoso. A través de nosotros, el cosmos se mira a sí mismo, se quiere a sí mismo, se rompe su propio corazón. A través de nosotros, la materia mira fijamente su propio rostro de ensueño lleno de estrellas y se da cuenta, con incredulidad, de que se da cuenta. Y se da cuenta de que es el Universo.

domingo, 5 de febrero de 2023

Las uvas de la ira: No hay bastante espacio para ricos y pobres

Dejo por aquí dos cachitos más de Las uvas de la ira que me parecen muy bien escritos y muy ciertos, la verdad.


 –Bueno, California es un estado grande.

–No tan grande. Ni siquiera el país entero es tan grande. No es tan extenso. No es lo suficientemente amplio. No hay bastante espacio para usted y para mí, para la gente de su clase y la de la mía, para ricos y pobres todos juntos en un país, para ladrones y hombres honrados. Para el hambre y la abundancia. ¿Por qué no se vuelven por donde han venido?

–Este es un país libre. Cada uno puede ir donde le apetezca.

–¡Eso es lo que usted se cree! ¿Ha oído hablar alguna vez de la patrulla fronteriza de California? Es de la policía de Los Angeles. Les detendrán, desgraciados, les harán volver. Mire, si no puede comprar tierras no le queremos aquí. Por cierto, ¿tiene carnet de conducir?, déjeme verlo. Se ha roto. No se puede entrar sin carnet de conducir.

–Es un país libre.

–Bueno, intente comprar la libertad. Por aquí decimos que un tipo tiene tanta libertad como su dinero le permite comprar.

domingo, 27 de noviembre de 2022

Sancta Terra

Hoy toca otro temazo de Epica para amenizar el día.


A place we tried to search a thousand times
To finally feel as if forever wasn't ever long enough
I was afraid
I feel a passion watching over me
To shed this
This evolution will empower me
Now truth begins
And you will not find me
(I am safe in here)
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