San Pedro se ajustó el tricornio
y salió a recibir al nuevo invitado al Cielo. Por el puente que venía del mundo
terrenal se acercaba un hombre vivaz, con andares campechanos, de cara redonda,
espesa barba blanca y una mirada confusa tras el marco de sus gafas.
-¿Quién va?-preguntó San Pedro,
sacando pecho.
-El alma de José Luis Cuerda,
oiga-dijo el recién llegado, inclinando levemente la cabeza para saludar.
-¡Hombre, tanto gusto! Fíjese
usted que conozco algunas de sus películas, y me resultan bastante simpáticas.
-Bueno, bueno-dijo el fallecido,
haciendo un gesto con la mano como para quitarle importancia.
-La oda a la calabaza es mi escena
favorita. Una maravilla del cine, ¿eh? Pero bueno, vayamos al grano, y si me lo
perdona, es sólo una formalidad, tengo que preguntarle si ha sido usted buena
persona en vida.

