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miércoles, 7 de octubre de 2020

El Espejo de los Tiempos

 Relato que publiqué originalmente en Wattpad, mezclando personajes populares.


Elric de Melniboné se incorporó a duras penas. No recordaba nada. ¿Cómo había llegado allí? Llevaba una coraza de una pieza, cota de mallas por debajo y botas de cuero, todo ello negro; al cinto, su espada, la Portadora de Tormentas. Es decir, llevaba su ropa; pero también una especie de casco sujeto en torno a su cuello, con un extremo cerca de la boca y el otro descansando en su oreja.

-¿Qué… qué es esto?

El monarca de Melniboné oyó esta frase salir de su casco, al mismo tiempo que oía una voz en una lengua extranjera, junto a él.

Aún aturdido, se giró. Estaba en una especie de cueva tallada en lo que parecía rubí. A su izquierda había un hombre incorporándose: pelo oscuro recogido en trenzas, un traje de pieles cosido con técnicas elaboradas, un arco y un carcaj, además de otro extraño arma, a la espalda. Era el que había pronunciado aquella frase en algún idioma que Elric no conocía.

Más a la izquierda, había otra figura envuelta en una armadura de bambú tallado, el rostro cubierto por una máscara demoníaca. A la derecha de Elric, un hombre con una larga y espesa barba negra, cubierto por una capa, se levantaba ajustándose el sombrero.

miércoles, 22 de julio de 2015

Historias de la Galaxia VIII: Pulp

El Barón Zetsx caminaba por los pasillos de la nave imperial. Su larga capa, negra y de terciopelo, ondeaba tras él como si tuviera vida propia. Su imagen, calvo y con perilla, le otorgaba un aire de seriedad que su mirada reafirmaba. Dos androides (X-6589734 y X-6589735, según la información que le suministraban al Barón sus implantes oculares) le abrieron la puerta de la sala de mando.

Allí, ante la enorme pantalla que ocupaba buena parte de la estancia, apareció el rostro sumido en sombras de la Emperatriz en persona.

miércoles, 8 de enero de 2014

El astuto John

Un relato sobre los clichés, los géneros de la literatura y la manera en la que se desenvuelven los personajes.

Una vez, el astuto John fue detective en una oficina en Chicago. Era una oficina descuidada: el humo de los cigarrillos se amontonaba en el techo, haciendo que la escasa luz que entraba por las ventanas fuese pálida y mortecina. Hasta las moscas parecían luchar por abandonar aquel lugar. Sin embargo, a John le bastaba para hacer bien su trabajo. Y, de hecho, era el mejor.

John a menudo se veía involucrado en negocios sucios. Muy sucios. Negocios de los que quizás sería mejor no hablar… A menudo, le ofrecían los casos más retorcidos.

Cuando no se encontraba en un bar desahogando sus penas con alcohol, John paseaba por la ciudad en busca de casos que resolver. Un cigarrillo siempre asomaba en sus labios, aún cuando la fría lluvia arreciaba sobre la ciudad, amenazando con apagarlo. Chicago era una ciudad sucia y peligrosa, una puta que siempre estaba dispuesta a aceptar un criminal más…

En ocasiones, cuando una bala pasaba silbando cerca de su cabeza, o cuando los dientes de algún delincuente de poca monta rasgaban sus nudillos haciéndole sangrar, John se preguntaba si no sería mejor cambiar de vida. Pero, al fin y al cabo, era el mejor. Y alguien tenía que hacer el trabajo que él hacía.


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