Hoy, un artículo de Ursula K. Le Guin, que recogió en No time to spare, sobre el poder subversivo de la fantasía.
"La prueba del mundo de las hadas [es que] no puedes imaginar que dos más uno no sean tres, pero sí puedes imaginar fácilmente que los árboles no den frutos; puedes imaginarlos dando candelabros dorados o tigres colgados de la cola."
La cita, de G. K. Chesterton, procede de un interesante artículo de Bernard Manzo publicado en el Times Literary Supplement del 10 de junio de 2011 (no indicó la fuente concreta en los escritos de Chesterton). Esto me llevó a reflexionar sobre cómo funciona la literatura imaginativa, desde los cuentos populares hasta la fantasía, y a preguntarme por su relación con la ciencia, aunque solo abordaré este tema al final de este artículo.
El relato fantástico puede suspender las leyes de la física —las alfombras vuelan; los gatos se vuelven invisibles, dejando solo una sonrisa— y de la probabilidad —el menor de tres hermanos siempre se queda con la novia; el bebé en la cesta arrojada a las aguas sobrevive ileso—, pero no lleva más allá su rebelión contra la realidad. El orden matemático es incuestionable. Dos más uno son tres, tanto en el castillo de Koschei como en el País de las Maravillas de Alicia (especialmente en el País de las Maravillas). La geometría de Euclides —o quizá la de Riemann—, la geometría de alguien, en cualquier caso, rige la estructura. De lo contrario, la incoherencia invadiría y paralizaría la narración.
