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lunes, 24 de noviembre de 2025

Trece coros por el Divino Marqués

Dejo por aquí este texto de Robert Anton Wilson, una curiosa y elaborada forma de defender al Marqués de Sade que incluye reflexiones muy interesantes sobre ética, castigo y la naturaleza humana, al menos tal y como la entendemos en las sociedades actuales. Está formada por doce pequeños fragmentos (no, yo tampoco sé dónde está el decimotercero), todos ellos con la misma estructura: una cita para abrirlos, alternativamente de la propia obra de Sade o de la obra de teatro Marat/Sade de Peter Weiss, y una llamada de teléfono imaginaria que termina con un clic que incluye una analogía ingeniosa. Es uno de los textos recopilados en el libro Coincidence - A head test, pero su publicación original fue en la revista The Realist; no he conseguido averiguar en qué fecha, aunque supongo, por el contexto, que es de finales de los 60. Esto me ha sorprendido, porque Robert Anton Wilson no se puso a escribir "en serio" hasta 1972, pero este texto es muy elaborado, muy en la línea de sus mejores obras, ingenioso, bien estructurado y rebosando de referencias culturales.

El texto no estaba disponible en castellano, así que la traducción que presento aquí es básicamente de un traductor automático con unos cuantos retoques por mi parte (de hecho, también he retocado un par de cosas respecto al texto original; hay un momento en el que ponía "immortality" cuando estoy bastante seguro de que quería decir "immorality"; también llama Ravechel a un personaje de la obra de Sade, cuando, hasta donde yo sé, no existe tal personaje y la cita que le atribuye la pronuncia Dubois).

No coincido completamente con las ideas de este texto, por cierto. Por ejemplo, Marx me cae algo mejor que a RAW. También tengo menos confianza que él en el psicoanálisis y, de hecho, me parece que ciertas ideas que el psicoanálisis tenía sobre la homosexualidad no sólo son incorrectas sino que han quedado terriblemente anticuadas. Tampoco tengo tan claro que la interpretación que hace de algunas de las ideas de Sade sea acertada. Pero con la mayor parte de las ideas expuestas en este texto sí coincido y, además, creo que son de suma importancia en este momento histórico en el que incluso entre los movimientos que se definen como antipunitivistas parece haber un ansia insaciable de castigo.



Trece coros por el Divino Marqués

por Robert Anton Wilson


PRIMER CORO

  “Tienes miedo de la gente sin ataduras,

¡qué ridículo!”

— Sade1


Soñé que llamaba por teléfono a Rita Hayworth y le preguntaba si oía a los bebés de Hiroshima gritar por la noche.

«No», me respondió, «solía tener problemas un poco raros como ése, pero mi psicoanalista los resolvió todos».

Pero —insistí—, al fin y al cabo, era tu foto la que estaba pintada en la bomba. No la de Harry Truman, ni la de Einstein, ni siquiera la de Marilyn Monroe. La tuya.

«Bueno, sí, si quieres verlo así», dijo ella. «Pero, por Dios, aquellos días ponían mi foto en todas partes».

Pero, pero —grité—, ¿no sientes ninguna responsabilidad?

«Espera un momento, Mac», dijo ella, «¿qué eres, algún tipo de loco? Nadie me preguntó nada al respecto. Simplemente fueron con ello y la tiraron».

Pero, pero, pero —grité—, toda esa gente —550 000, según una estimación que leí— destrozada por una foto tuya...

—Mira, Clyde —dijo con firmeza—. Mi psicoanalista me dijo que no sirve de nada darle vueltas a esas cosas.

Y la línea se cortó con un clic hueco, como un ataúd que se cierra sobre Drácula mientras el sol de la mañana proyecta sus blancas y fantasmales radiaciones nucleares en la fría oscuridad del sueño.

martes, 8 de julio de 2025

La insurrección que viene: La noción de "trabajo"

Un fragmento que me pareció interesante de La insurrección que viene, obra del Comité Invisible.


Admitimos la necesidad de conseguir dinero —no importa por qué medios— porque actualmente es imposible pasar sin él, pero no la necesidad de trabajar. Además, ya no trabajamos: curramos. La empresa ya no es un lugar en el que existimos, es un lugar que atravesamos. No somos cínicos, sólo reticentes a que se nos engañe. Los discursos sobre la motivación, la calidad y la implicación personal nos resbalan, para desgracia de los gestores de recursos humanos. Dicen que estamos decepcionados con la empresa, que no ha honrado la lealtad de nuestros padres, que los ha despedido sin escrúpulos. Mienten. Para estar decepcionado, primero hay que esperar algo. Y nunca hemos esperado nada de ella: la vemos tal como es y nunca ha dejado de ser, una estafa de confort variable. Sentimos que nuestros padres cayeran en la trampa; al menos, aquellos que se lo creyeron.

La confusión de sentimientos que rodea la cuestión del trabajo puede explicarse de esta manera: la noción de trabajo ha abarcado siempre dos dimensiones contradictorias. Una dimensión de explotación y una dimensión de participación. Explotación de la fuerza de trabajo individual y colectiva por la apropiación privada o social de la plusvalía; participación en una obra común a través de los vínculos que se tejen entre aquellos que cooperan en el seno del universo de la producción. Estas dos dimensiones se confunden perniciosamente en la noción de trabajo, lo cual explica la indiferencia de los trabajadores, a fin de cuentas, hacia la retórica marxista, que niega la dimensión de participación, así como hacia la retórica empresarial, que niega la dimensión de explotación. De ahí, también, la ambivalencia de la relación con el trabajo, al mismo tiempo deshonroso, puesto que nos vuelve extraños ante lo que hacemos, y adorado, en la medida en que una parte de nosotros mismos está en juego. El desastre aquí es previo: reside en todo aquello que ha sido necesario destruir, en todos aquellos a los que ha habido que desarraigar para que el trabajo termine por aparecer como la única manera de existir. El horror del trabajo no está tanto en el propio trabajo como en el asolamiento metódico, desde hace siglos, de todo aquello que no es él: familiaridades de barrio, de oficio, de pueblo, de lucha, de parentesco; apego a lugares, seres, estaciones, modos de hacer y de hablar.

domingo, 29 de septiembre de 2024

La hipocresía del puritanismo

Hoy toca compartir un texto interesante de Emma Goldman, que nunca viene mal. 

Hablando del puritanismo respecto al arte, Mr. Gutzon Borglum ha dicho:

El puritanismo nos ha hecho tan estrechos de mente y de tal modo hipócritas y ello por tan largo tiempo, que la sinceridad, así como la aceptación de los impulsos más naturales en nosotros han sido completamente desterrados con el consecuente resultado que ya no pudo haber verdad alguna, ni en los individuos ni en el arte.

Mr. Borglum pudo añadir que el puritanismo hizo también imposible e intolerable la vida misma. Esta, más que el arte, más que la estética, representa la belleza en sus miles cambiantes y variaciones es, en realidad, un gigantesco panorama en mudanza continua. Y el puritanismo, al contrario, fijó una concepción de vida inamovible; se basa en la idea calvinista, por la cual la existencia es una maldición que se nos impuso por mandato de Dios. Con la finalidad de redimirse, la criatura humana ha de penar constantemente, deberá repudiar todo lo que le es natural, todo sano impulso, volviéndole la espalda a la belleza y a la alegría.

El puritanismo inauguró su reinado de terror en Inglaterra durante los siglos XVII y XVIII, destruyendo y persiguiendo toda manifestación de arte y cultura. Ha sido el espíritu del puritanismo el que le robó a Shelley sus hijos porque no quiso inclinarse ante los dictados de la religión. Fue la misma estrechez espiritual que enemistó a Byron con su tierra natal; porque el genio supo rebelarse contra la monotonía, la vulgaridad y la pequeñez de su país. Ha sido también el puritanismo el que forzó a algunas mujeres libres de Inglaterra a incurrir en la mentira convencional del matrimonio: Mary Wollstonecraft, luego, George Elliot. Y más recientemente también exigió otra víctima: Oscar Wilde. En efecto, el puritanismo no cesó nunca de ser el facto más pernicioso en los dominios de John Bull, actuando como censor en las expresiones artísticas de su pueblo, estampando su consentimiento solamente cuando se trataba de la respetable vulgaridad de la mediocracia.

domingo, 16 de junio de 2024

Las uvas de la ira: Algún día, las oraciones se acabarían

Otro cachito de la brillante novela de John Steineck, recordándonos la inevitabilidad de algunas cosas.

Y en Kansas y Arkansas, en Oklahoma y en Tejas y Nuevo Méjico, los tractores invadían más tierras y echaban a los arrendatarios.

Trescientos mil en California y más en camino. En California, carreteras repletas de gente frenética que corría como hormigas a arrastrar, empujar, levantar, trabajar. Por cada carga que pudiera levantar un hombre surgían cinco pares de brazos para levantarla; ante cada ración de comida que se podía conseguir se abrían cinco bocas.

Y los grandes propietarios, los que deben ser desposeídos de su tierra por un cataclismo, los grandes propietarios con acceso a la historia, con ojos para leer la historia y conocer el gran hecho: cuando la propiedad se acumula en unas pocas manos, acaba por serles arrebatada. Y el hecho que siempre acompaña: cuando hay una mayoría de gente que tiene hambre y frío, tomará por la fuerza lo que necesita. Y el pequeño hecho evidente que se repite a lo largo de la historia: el único resultado de la represión es el fortalecimiento y la unión de los reprimidos. Los grandes propietarios hicieron caso omiso de los tres gritos de la historia. La tierra fue quedando en menos manos, aumentó el número de los desposeídos y los propietarios dirigieron todos sus esfuerzos a la represión. El dinero se gastó en armas, y en gasolina para mantener la vigilancia en las enormes propiedades y se enviaron espías que recogieran las instrucciones susurradas para la revuelta, de forma que ésta pudiera ser sofocada. La economía en proceso de cambio fue ignorada, al igual que los planes del cambio; y sólo se consideraron los medios para extinguir la revuelta, mientras persistían las causas de la misma.

domingo, 17 de marzo de 2024

Cuando niño, buscaba yo fantasmas

Hoy toca compartir un poema de Percy B. Shelley, por qué no. 


Cuando niño, buscaba yo fantasmas

en calladas estancias, cuevas, ruinas

y bosques estrellados; mis temerosos pasos

ansiaban conversar con los difuntos.

Invocaba esos nombres que la superstición

inculca. En vano fue esa búsqueda.

Mientras meditaba el sentido

de la vida, a la hora en que el viento corteja

cuanto vive y fecunda

nuevas aves y plantas,

de pronto sobre mí cayó tu sombra.

Mi garganta exhaló un grito de éxtasis.

lunes, 8 de enero de 2024

Los Invisibles

 Última recopilación de frases interesantes de Los Invisibles, lo mismo anima a alguien a leer esta obra, que siempre es recomendable.


"Por el caos"-King Mob.


"Cuando el miedo es lo único que existe, no existe el miedo. El dolor eterno deja de ser dolor. Cuando los recordamos y los reconocemos como lo que son realmente, dejan de esclavizarnos"-John A. Sueños.


"Vienen con sus trajes, Jacqui... "los queridos tripeados", "la buena gente", los elfos máquina del hiperespacio... toda la mierda en la que creíamos cuando estábamos colocados por la E... es real y somos nosotros, Jacqui... por debajo de los trajes sólo es nosotros..."-King Mob.

domingo, 5 de noviembre de 2023

Sé que soy un texto

Dejo por aquí un cachito de Jerusalén, de Alan Moore, que creo que puede ser conveniente para que se entienda lo bueno que es. 


Sé que soy un texto. Sé que me estás leyendo. Ésa es la principal diferencia que existe entre nosotros: tú ignoras que eres un texto. Ignoras estar leyéndote. Lo que tomas por una vida soberana que recorres libremente es, en realidad, un libro ya escrito con el que te has quedado absorto, y no por primera vez. Cuando concluyes la actual lectura, cuando sellas la tapa del ataúd cerrando la contracubierta, olvidas de inmediato el esfuerzo de haberlo descifrado y vuelves a cogerlo, tal vez atraído por la asombrosa y heroica imagen de ti mismo que hay impresa en la portada.

Vadeas una vez más la glosolalia del inicio de la novela y esa acongojante escena del parto, toda en primera persona, descrita brumosamente como una confusión de nuevos sabores, esencias y luces aterradoras. Te recreas con júbilo en los pasajes de la niñez y paladeas el enérgico desarrollo de los nuevos personajes a medida que se incorporan, la madre y el padre, los amigos y familiares, los enemigos, siempre con peculiaridades memorables, con encantos singulares. Embriagado con estas proezas juveniles, te das cuenta de que lees de pasada algunos episodios posteriores por puro aburrimiento, que hojeas las páginas de tus días y saltas hacia delante, impaciente por llegar al contenido adulto y la pornografía que asumes que te aguardan en el siguiente capítulo.

Cuando éstas resultan ser alegrías menos puras, menos abundantes de lo que suponías, te sientes algo engañado y bramas contra el autor por un tiempo. Para entonces, sin embargo, los temas capitales de la trama brotan a tu alrededor en la narrativa: locura, amor y pérdida, destino y redención. Comienzas a entender la verdadera escala de la obra, su profundidad y su ambición, cualidades que se te habían escapado hasta ahora. Hay una aprensión incipiente, una sensación de que la historia podría no caer en las categorías que hasta ahora habías asumido, que eran las de aventura picaresca o la comedia sexual. De manera alarmante, el relato supera las reconfortantes fronteras del género para adentrarse en el incómodo territorio del vanguardismo. Por primera vez, te preguntas si habrás intentado abarcar demasiado, si te habrás embarcado por error en una plomiza obra maestra, cuando lo único que pretendías era coger algo distraído, una lectura vacacional para el aeropuerto o la playa. Empiezas a dudar de tus aptitudes como lector, de tu capacidad para llevar a buen término esta fábula mortal sin perder la concentración. Y, aún si logras concluirla, dudas de ser lo suficientemente astuto como para entender el mensaje de la saga, y eso si hay mensaje alguno. En tu fuero interno sospechas que se te escapará por completo, pero, pese a ello, no puedes sino seguir viviendo, seguir arrancando páginas del calendario, siempre urgido por esta cita de la cubierta que rezaba así: “si vas a leer un solo libro en tu vida, que sea éste”.

domingo, 24 de septiembre de 2023

Las uvas de la ira: Todos tenemos que ganarnos la vida

Otro fragmento de Las uvas de la ira que me parece muy didáctico.


 El propietario intervino:

–Si quiere detenerse aquí y acampar, le costará medio dólar. Hay sitio para acampar, agua y leña. Y nadie le molestará.

–¡Qué demonios! –exclamó Tom–. Podemos dormir en la cuneta al lado de la carretera y nos sale gratis.

El dueño tamborileó en la rodilla con los dedos.

–El encargado del sheriff suele pasar por la noche. Se lo puede poner difícil. En este estado la ley prohíbe dormir afuera. Hay una ley de vagabundos.

–Y si le pago a usted cincuenta centavos, ya no soy un vagabundo, ¿eh?

–Exactamente.

Los ojos de Tom brillaron con furia.

–¿El encargado del sheriff no será cuñado de usted por casualidad?

domingo, 21 de mayo de 2023

Me celebro y me canto a mí mismo

 Hoy toca compartir los primeros versos del Canto a mí mismo de Walt Withman, por qué no. Que siempre viene bien un poco de optimismo y de alegría por vivir.




Me celebro y me canto a mí mismo.

Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti,

porque lo que yo tengo lo tienes tú

y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también.

Vago… e invito a vagar a mi alma.

Vago y me tumbo a mi antojo sobre la tierra

par ver cómo crece la hierba del estío.

Mi lengua y cada molécula de mi sangre nacieron aquí,

de esta tierra y de estos vientos.

domingo, 9 de abril de 2023

Somos moléculas inertes

Un pequeño fragmento de Serpientes y Escaleras, de Alan Moore, que me vino a la mente hace poco, de hecho, porque creo que en tres parrafitos contrasta muy bien la aparente insignificancia de la vida en el Universo con la importancia que tiene.

Somos moléculas inertes, unidas por el código fortuito que está grabado en nuestros genes. Barro que se alza. Las sustancias químicas se mezclan en nuestro sedimento, y en nuestras interacciones y combustiones nos imaginamos que sentimos, nos imaginamos que amamos. Nos reproducimos, con matemática previsibilidad como esporas en una placa de Petri. Funcionamos por corto tiempo, luego nos hundimos una vez más en el barro sin conciencia.

Somos una simple contingencia, un movimiento inquieto de suciedad sin importancia y a pesar de ello Rossetti pinta a su difunta Elizabeth, con su cabeza inclinada hacia atrás sobre su garganta imposiblemente delgada, con sus ojos cerrados frente a la luz dorada que la rodea.

El barro contempla al barro, y comprende que es hermoso. A través de nosotros, el cosmos se mira a sí mismo, se quiere a sí mismo, se rompe su propio corazón. A través de nosotros, la materia mira fijamente su propio rostro de ensueño lleno de estrellas y se da cuenta, con incredulidad, de que se da cuenta. Y se da cuenta de que es el Universo.

domingo, 5 de febrero de 2023

Las uvas de la ira: No hay bastante espacio para ricos y pobres

Dejo por aquí dos cachitos más de Las uvas de la ira que me parecen muy bien escritos y muy ciertos, la verdad.


 –Bueno, California es un estado grande.

–No tan grande. Ni siquiera el país entero es tan grande. No es tan extenso. No es lo suficientemente amplio. No hay bastante espacio para usted y para mí, para la gente de su clase y la de la mía, para ricos y pobres todos juntos en un país, para ladrones y hombres honrados. Para el hambre y la abundancia. ¿Por qué no se vuelven por donde han venido?

–Este es un país libre. Cada uno puede ir donde le apetezca.

–¡Eso es lo que usted se cree! ¿Ha oído hablar alguna vez de la patrulla fronteriza de California? Es de la policía de Los Angeles. Les detendrán, desgraciados, les harán volver. Mire, si no puede comprar tierras no le queremos aquí. Por cierto, ¿tiene carnet de conducir?, déjeme verlo. Se ha roto. No se puede entrar sin carnet de conducir.

–Es un país libre.

–Bueno, intente comprar la libertad. Por aquí decimos que un tipo tiene tanta libertad como su dinero le permite comprar.

miércoles, 7 de diciembre de 2022

Reseña de Jerusalén, de Alan Moore (edición corregida)

 


En su momento, hice una reseña sobre Jerusalén, la monstruosa obra de Alan Moore, cuando salió la edición española (http://kallixti.blogspot.com/2020/01/resena-de-jerusalen-de-alan-moore.html). Como quizá sepáis, la edición estaba mal corregida, por no haber dado tiempo suficiente a que el traductor, José Torralba, acabara su obra. En un ejercicio de honradez, al menos, a quienes habíamos comprado la primera edición, la editorial Minotauro nos envió sin coste alguno la edición bien corregida que salió posteriormente. Después de recibir esta edición (con el estuche un poco roto, pero no pasa nada, porque puedo usar el estuche de la edición mal traducida), creo que tengo que reseñar también ésta.

Así pues, intercalaré párrafos de la reseña anterior con nuevas apreciaciones correspondientes a la edición corregida. Esto podría quedar raro, por mezclar cosas escritas cuando estaba leyendo la novela por primera vez con cosas escritas ahora, pero eh, precisamente leer algo que transcurre en distintos momentos del tiempo mezclándose parece muy adecuado para una reseña de Jerusalén.

La intención es que la reseña no tenga demasiados spoilers. Digo “no demasiados”, pero serán inevitables algunos, así que supongo que si alguien está interesado en leerla no le interesará leer más que unos párrafos de esta reseña. Sin embargo, la complejidad de esta obra, su asombrosa extensión y la importancia que podría tener para la literatura -aunque seguramente no llegue a tenerla-, por su originalidad, me lleva a pensar que esta reseña podría interesar incluso a gente que ya haya decidido que no quiere leer Jerusalén. Simplemente... a modo de reseña de un hito. Escribir esta novela tiene tanto mérito y es un asunto tan curioso que creo que puede llegar a ser interesante leer sobre ella, sólo para saber lo que se puede llegar a hacer juntando palabras. A su vez, en la reseña original, traté de no leer otras reseñas o explicaciones de esta obra para así poder decir sólo lo que yo interpreto de ella, sólo lo que me parece a mí, con mi bagaje cultural y mi conocimiento previo de otras obras de Moore. De esta forma no me dejé influir por otras interpretaciones; en esta nueva versión de la reseña pues ya es inevitable, claro, ya he leído otras.

Al empezar, Jerusalén recuerda principalmente a James Joyce, dada su extraordinaria habilidad para convertir actos cotidianos en una gran obra de la literatura (destaca en ese aspecto Ulises, claro). De hecho, sabemos que el planteamiento es similar al de Ulises, al escribirse los capítulos en estilos literarios distintos. El punto de vista inicial es el de una niña de 5 años, lo que recuerda a otra novela de Joyce, Retrato del artista adolescente. Sin embargo, la manera en la que Moore se mete en el cerebro de la niña y explica con lenguaje complicado los pensamientos de una niña (asustándose porque las tiendas están cerradas, tratando de recordar cuál era el camino, etc) recuerda más a otra obra anterior de Moore, El amnios natal.

domingo, 20 de noviembre de 2022

Las uvas de la ira: Eso es algo que podemos cambiar

Un par de fragmentos de distintos momentos de Las uvas de la ira que creo que dejan claro por qué es una novela tan buena. 


–La levanté con mis propias manos. Enderecé clavos viejos para colocar el revestimiento. Los pares del tejado están atados a los travesaños con alambre de embalar. Es mía. Yo la construí. Atrévete a chocar contra ella, yo estaré en la ventana con el rifle. Que se te ocurra siquiera acercarte de más y te dejo seco como a un conejo.

–No soy yo. Yo no puedo hacer nada. Pierdo el empleo si no sigo órdenes. Y, mire, suponga que me mata, simplemente a usted lo cuelgan, pero mucho antes de que le cuelguen habrá otro tipo en el tractor y él echará la casa abajo. Comete usted un error si me mata a mí.

–Eso es verdad –dijo el arrendatario–. ¿Quién te ha dado las órdenes? Iré a por él. Es a ése a quien debo matar.

–Se equivoca. El banco le dio a él la orden. El banco le dijo: o quitas de en medio a esa gente o te quedas sin empleo.

–Bueno, en el banco hay un presidente, están los que componen la junta directiva. Cargaré el peine del rifle e iré al banco.

domingo, 13 de noviembre de 2022

Teoría Illuminati de la Historia

 Lo que viene a continuación es el Apéndice Gimmel, uno de los apéndices de la Trilogía Illuminatus!, de Robert Anton Wilson y Robert Shea. Me parece una joyita prodigiosa en la que, con mucho acierto y mucho sentido del humor, se forma un batiburrillo entre realidad y ficción en el que, como sucede a menudo en la obra de RAW, resulta difícil saber qué parte es cada cuál y hasta qué punto lo está diciendo en serio, es una broma o ambas cosas a la vez. Lo que supuestamente trata de aclarar este apéndice es cómo consideran los Illuminati que funciona la Historia. Ah, y por lo que sea, se da la curiosa coincidencia de que yo soy Virgo.


Y hasta el día de hoy, el proverbio todavía se repite desde el Danubio hasta el Rihn: “Es peligroso hablar demasiado sobre los Illuminati”. - VON JUNTZ, Unausprechlichen Kulten.

Teóricamente, la era de la Burocracia puede extenderse hasta que se deba hacer economía de papel, pero en la práctica, nunca dura más de 73 permutaciones. - WEISHAUPT, Konigen, Kirchen and Dummheit.

En un pasaje bastante conocido del Necronomicon, Abdul Alhazred escribe: “Ellos reinaron una vez donde el hombre reina ahora; y donde el hombre reina ahora, Ellos volverán a reinar. Luego del verano viene el invierno, y luego del invierno viene el verano”. Weishaupt, que poseía solamente la edición de 1472 de Lyons de la traducción de Olaus Wormius, con sus muchos errores de impresión, encontró ese texto transformado en “Ellos reinaron una vez donde el hombre reina ahora, el verano; y donde el hombre reina ahora, luego del verano viene el invierno. Ellos volverán a reinar luego del invierno”. Totalmente confundido, le escribió a su buen amigo el cabalista Kolmer, en Bagdad, pidiéndole una explicación. Kolmer, a su vez, despachó una carta para él respondiéndole a una pregunta previa. La carta llegó mientras Weishaupt estaba experimentando con una nueva variedad de Alamut Negro, y no se hallaba en condiciones de advertir que era la respuesta a una pregunta anterior; en cambio, estaba dispuesto a recibir la iluminación en las palabras: “Con respecto a tu espinosa consulta: descubrí que, en muchos casos, el cornezuelo de centeno es el mejor remedio. Si aquello fallara, solamente puedo sugerir el sendero de Don Juan”.

Weishaupt supuso que Kolmer quería decir que el pasaje se haría claro si lo leía bajo la influencia del cornezuelo de centeno. Bajó rápidamente a su laboratorio y bebió un trago de una vasija; luego, por añadidura, masticó unos cuantos botones de peyote (por un malentendido creyó que el Don Juan aludido era el brujo yaqui del siglo veinte cuya mente había estado percibiendo a través del Morgenheutegesternwelt. El peyote era el gran “maestro” de Don Juan, y Weishaupt había hecho importar un poco desde México con muchos problemas y gastos). En este punto, debemos aclarar que la pregunta que Kolmer estaba respondiendo resultó ser personal y no filosófica. Weishaupt le había pedido consejo sobre un problema que lo estaba acuciando ese mes: el hecho era que su cuñada estaba embarazada y la evidencia circunstancial lo señalaba a él como el padre. No sabía cómo iba a explicárselo a Eva. Lo que Kolmer intentaba decir era que Adam debía darle cornezuelo de centeno a su amante, ya que se lo consideraba un abortivo efectivo; la alternativa se refería al sendero de un Don Juan anterior, y significaba esfumarse por completo de la escena. De cualquier manera, el sabio drogado de Ingolstadt comprendió todo mal, así que volvió a las páginas del Necronomicón harto de hachís y peyote, y bajo una cualidad sustancial del cornezuelo de centeno, que por la influencia de las otras drogas y de sus propios jugos gástricos había mutado en ergotina, una prima química cercana del LSD. El resultado fue que las palabras parecieron saltar hacia él desde el libro, gritando significativamente:

ELLOS REINARON UNA VEZ DONDE EL HOMBRE REINA AHORA EL VERANO Y DONDE EL HOMBRE REINA AHORA LUEGO DEL VERANO VIENE EL INVIERNO ELLOS VOLVERÁN A REINAR LUEGO DEL INVIERNO

domingo, 27 de marzo de 2022

Los Invisibles


"Son diferentes todo el tiempo, ¿verdad? Algunas veces los ves como alienígenas o monstruos... o como dioses antiguos o hadas o alguna mierda por el estilo. Quiero saber qué aspecto tienen desnudos, tío. ¿Me entiendes? Las cosas claras de una vez por todas, ¿vale?"-Jack Frost.

"La verdad deslumbra gradualmente; si no, el mundo sería ciego. ¿Qué aspecto crees que tendrían? Esos otros"-Elfayed.

"Creo que el mismo que nosotros. Hasta el punto que no podríamos diferenciarlos"-Jack Frost.


"Es mi recuerdo más marcado del futuro. Una bala en el lugar correcto puede cambiar el mundo"-King Mob.

domingo, 13 de marzo de 2022

Las uvas de la ira: No puede dejar de crecer

Un pequeño fragmento de Las uvas de la ira, de John Steinbeck.


Algunos portavoces eran amables porque detestaban lo que tenían que hacer, otros estaban enfadados porque no querían ser crueles, y aun otros se mostraban fríos, porque habían descubierto hacía ya mucho tiempo que no se puede ser propietario si no se es frío. Y todos se sentían atrapados en algo que les sobrepasaba. Unos despreciaban las matemáticas a las que debían obedecer, otros tenían miedo, y aun otros adoraban a las matemáticas porque podían refugiarse en ellas de las ideas y los sentimientos. Si un banco o una compañía financiera eran dueños de las tierras, el enviado decía: el Banco, o la Compañía, necesita, quiere, insiste, debe recibir, como si el banco o la compañía fueran un monstruo con capacidad para pensar y sentir, que les hubiera atrapado. Ellos no asumían la responsabilidad por los bancos o las compañías porque eran hombres y esclavos, mientras que los bancos eran máquinas y amos, todo al mismo tiempo. Algunos de los enviados estaban algo orgullosos de ser los esclavos de señores tan fríos y poderosos. Se quedaban sentados en los coches y daban explicaciones. Sabes que la tierra es pobre. Ya has escarbado en ella lo suficiente, Dios lo sabe.

Los arrendatarios, en cuclillas, asentían, pensaban y hacían dibujos en el polvo y, sí, lo sabían, Dios lo sabe. Ojalá el polvo no volara. Si sólo la capa superior no volara...

Los hombres de los propietarios tenían una idea fija: Sabes que la tierra se está empobreciendo. Sabes lo que el algodón le hace a la tierra: la despoja de todo, la desangra.

domingo, 24 de octubre de 2021

Escribo desde aquí

Fragmento de Teoría King Kong, de Virginie Despentes.


Yo, como chica, soy más bien King Kong que Kate Moss. Yo soy ese tipo de mujer con la que no se casan, con la que no tienen hijos, hablo de mi lugar como mujer siempre excesiva, demasiado agresiva, demasiado ruidosa, demasiado gorda, demasiado brutal, demasiado hirsuta, demasiado viril, me dicen. Son, sin embargo, mis cualidades viriles las que hacen de mí algo distinto de un caso social entre otros. Todo lo que me gusta de mi vida, todo lo que me ha salvado, lo debo a mi virilidad. Así que escribo aquí como mujer incapaz de llamar la atención masculina, de satisfacer el deseo masculino y de contentarme con un lugar en la sombra. Escribo desde aquí, como mujer poco seductora pero ambiciosa, atraída por el dinero que gano yo misma, atraída por el poder de hacer y de rechazar, atraída por la ciudad más que por el interior, siempre excitada por las experiencias e incapaz de contentarme con la narración que otros me harán de ellas. No me interesa ponérsela dura a hombres que no me hacen soñar. Nunca me ha parecido evidente que las chicas seductoras se lo pasen tan bien. Siempre me he sentido fea, pero tanto mejor porque esto me ha servido para librarme de una vida de mierda junto a tíos amables que nunca me habrían llevado más allá de la puerta de mi casa. Me alegro de lo que soy, de cómo soy, más deseante que deseable. Escribo desde aquí, desde las invendibles, las torcidas, las que llevan la cabeza rapada, las que no saben vestirse, las que tienen miedo de oler mal, las que tienen los dientes podridos, las que no saben cómo montárselo, ésas a las que los hombres no les hacen regalos, ésas que follarían con cualquiera que quisiera hacérselo con ellas, las más zorras, las putitas, las mujeres que siempre tienen el coño seco, las que tienen tripa, las que querrían ser hombres, las que se creen hombres, las que sueñan con ser actrices porno, a las que les dan igual los hombres pero a las que sus amigas interesan, las que tienen el culo gordo, las que tienen vello duro y negro que no se depilan, las mujeres brutales, ruidosas, las que lo rompen todo cuando pasan, a las que no les gustan las perfumerías, las que llevan los labios demasiado rojos, las que están demasiado mal hechas como para poder vestirse como perritas calentonas pero que se mueren de ganas, las que quieren vestirse como hombres y llevar barba por la calle, las que quieren enseñarlo todo, las que son púdicas porque están acomplejadas, las que no saben decir que no, a las que se encierra para poder domesticarlas, las que dan miedo, las que dan pena, las que no dan ganas, las que tienen la piel flácida, la cara llena de arrugas, las que sueñan con hacerse un lifting, una liposucción, con cambiar de nariz pero que no tienen dinero para hacerlo, las que están desgastadas, las que no tienen a nadie que las proteja excepto ellas mismas, las que no saben proteger, esas a las que sus hijos les dan igual, esas a las que les gusta beber en los bares hasta caerse al suelo, las que no saben guardar las apariencias; pero también escribo para los hombres que no tienen ganas de proteger, para los que querrían hacerlo pero no saben cómo, los que no saben pelearse, los que lloran con facilidad, los que no son ambiciosos, ni competitivos, los que no la tienen grande, ni son agresivos, los que tienen miedo, los que son tímidos, vulnerables, los que prefieren ocuparse de la casa que ir a trabajar, los que son delicados, calvos, demasiado pobres como para gustar, los que tienen ganas de que les den por el culo, los que no quieren que nadie cuente con ellos, los que tienen miedo por la noche cuando están solos.  

domingo, 19 de septiembre de 2021

Los Invisibles

Llevaba tiempo sin poner por aquí unas cuantas frasecitas de Los Invisibles, así que...


"A veces me involucro tanto que hasta olvido que estoy jugando. Imagina involucrarte tanto en el juego que experimentas pánico existencial y pérdida de identidad cuando una pieza es eliminada del tablero"-Lucifer.


"Recuerdo cuando todo parecía tener significado. Recuerdo sentir las cosas intensamente"-King Mob.


"Y si escribo lo suficientemente duro y honesto, creo que puedo hacerlo realidad"-Ragged Robin.

domingo, 22 de agosto de 2021

Lo único que existe es la vida

Comparto unos párrafos de Jerusalén en los que creo que Alan Moore explica bastante bien lo que implica el eternalismo. 



En verdad, lo único que existe es la vida. La muerte es una perspectiva ilusoria que aflige a la tercera dimensión. Sólo en el mundo mortal y tridimensional se percibe el tiempo como algo que pasa, que se desvanece atrás en la nada. El tiempo se concibe como un recurso fungible que, algún día, se agotará. Sin embargo, visto desde un plano superior, el tiempo no es más que otra distancia, como la altura, la anchura o la profundidad. En este universo de espacio y tiempo, todo sucede a la vez, todo acaece en un glorioso superinstante que alberga el albor del tiempo a un lado y su fin al otro. Los minutos intermedios, incluidos ésos que marcan las décadas de la vida, se hallan suspendidos por toda la eternidad en la enorme burbuja inmutable de la existencia.

domingo, 1 de agosto de 2021

Microcuentos de Monterroso

Hace algo más de tres años compartí cuatro microrrelatos de Monterroso, así que aquí van otros cuatro, que no vienen mal.



La oveja negra

En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra.

Fue fusilada.

Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.

Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura. 

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