domingo, 6 de septiembre de 2026

No tiene por qué ser como es

Hoy, un artículo de Ursula K. Le Guin, que recogió en No time to spare, sobre el poder subversivo de la fantasía.



"La prueba del mundo de las hadas [es que] no puedes imaginar que dos más uno no sean tres, pero sí puedes imaginar fácilmente que los árboles no den frutos; puedes imaginarlos dando candelabros dorados o tigres colgados de la cola."

La cita, de G. K. Chesterton, procede de un interesante artículo de Bernard Manzo publicado en el Times Literary Supplement del 10 de junio de 2011 (no indicó la fuente concreta en los escritos de Chesterton). Esto me llevó a reflexionar sobre cómo funciona la literatura imaginativa, desde los cuentos populares hasta la fantasía, y a preguntarme por su relación con la ciencia, aunque solo abordaré este tema al final de este artículo.

El relato fantástico puede suspender las leyes de la física —las alfombras vuelan; los gatos se vuelven invisibles, dejando solo una sonrisa— y de la probabilidad —el menor de tres hermanos siempre se queda con la novia; el bebé en la cesta arrojada a las aguas sobrevive ileso—, pero no lleva más allá su rebelión contra la realidad. El orden matemático es incuestionable. Dos más uno son tres, tanto en el castillo de Koschei como en el País de las Maravillas de Alicia (especialmente en el País de las Maravillas). La geometría de Euclides —o quizá la de Riemann—, la geometría de alguien, en cualquier caso, rige la estructura. De lo contrario, la incoherencia invadiría y paralizaría la narración.

miércoles, 1 de abril de 2026

¿Por qué hay drogas legales e ilegales?

 Uno de los vídeos más elaborados que hice en Youtube, sobre una cuestión que sale a menudo cuando hablamos sobre drogas.

miércoles, 11 de febrero de 2026

La balada de Herleifr

Cuando el arquero Herleifr era un muchacho, cayó en una trampa. Casi veinte años después, su pasado resurge de forma inesperada. Vamos con un spin-off de La balada de Hakon, protagonizado por uno de sus secundarios más recurrentes. La portadilla de Miguel Lob Lan (obviamente) nos muestra a Herleifr en los dos momentos de su vida en los que se divide este relato.


Herleifr estaba acostumbrado al dolor.

Había nacido en las afueras de Ulfgod, capital de Svanhaim; segundo hijo de Aron el Bajo, que regentaba una posada bastante humilde, y Lynae, una cazadora. Llevaban una vida más o menos feliz. La posada les mantenía; por la mañana, Lynae salía a cazar, y regresaba a la tarde, normalmente con algunos conejos, a veces un zorro o una ardilla.

Cuando Herleifr apenas era un niño, su hermano mayor, Briand, murió por una fiebre. Ésa fue la primera pérdida que Herleifr experimentó. Sus padres tuvieron otra hija, una niña llamada Kaysa.

Teniendo Herleifr 10 años, su padre murió, asaltado por bandidos en un camino cuando iba a buscar cerveza para su negocio. Nunca se encontró a los culpables. Cosas que pasan.

De pronto, la reducida familia se encontró con que ya no podía mantener la posada. Tuvieron que venderla al mejor postor, y marcharse de Ulfgod. Se trasladaron a Tjalmo, una pequeña aldea en la que una cazadora podía ganarse la vida con mayor facilidad. Herleifr tenía que cuidar de su hermana; su madre pasaba todo el día fuera, cazando. Supieron lo que era pasar hambre.

Lynae intentó enseñar a su hijo a usar el arco, pero era demasiado pequeño. No tenía fuerza para tensarlo tanto como era necesario. Aún así, no cedió. Con el paso de los meses, fue más fácil. Para cuando tenía 12 años, Herleifr ya era arquero.

Apenas un par de años después, murió la pequeña Kaysa. La falta de comida había debilitado su salud; una fiebre que en principio no debería ser muy grave se la llevó. Herleifr y su madre quedaron solos y devastados por el dolor.

Ya no tenían motivos para establecerse en un sitio fijo. Viajaban de bosque en bosque, acampando allí, cazando y alimentándose. Vendían las pieles –o alguna pieza entera, si sobraba- en las aldeas. Herleifr aprendió a sobrevivir en la naturaleza, a construir pequeños refugios, a cazar. Pronto, su talento como arquero superó al de su madre.

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