Éste es un relato que fue
publicado originalmente en el número 23 de la revista Penumbria. Los requisitos
para el relato eran tres páginas de extensión (yo creo que habría quedado mejor
con cuatro, alargando un poco la parte final) y que fuera un relato antinavideño.
Por supuesto, decidí que la mejor forma de hacer un relato antinavideño era
adaptando el conocidísimo Cuento de Navidad de Dickens.
—¿Y las luces? ¿Os habéis planteado por qué ponen
las luces de Navidad desde principios de noviembre? Bien, yo os lo diré: para
gastar dinero público. Los alcaldes ponen las luces, gastan una millonada en
dinero público que va para las compañías eléctricas, y luego las eléctricas les
devolverán el favor dándoles un puesto de trabajo, o una donación, o un sobre
con dinero negro… así es la Navidad: una gran mentira.
Martín concluyó su discurso al tiempo que sonaba la campana. Era un
hombre de cuarenta y tantos, delgado, pelo castaño en el que asomaban
tímidamente algunas canas, gafas. Su aspecto inofensivo creaba cierto contraste
con la radicalidad de sus ideas y discursos: tal vez por eso aún conservaba su
puesto de profesor de sociología.
