Como siempre, repaso rápido a lo conocido: el opio y
todos sus derivados tienen prácticamente los mismos efectos, pero con distinta
intensidad. Son los relajantes por excelencia. Alivian todas las sensaciones
negativas pero, sobre todo, el dolor físico. También ralentizan los reflejos
que producen la tos y los movimientos de los intestinos, por lo que también se
recetan para tos y diarrea, sobre todo medicamentos como la codeína. Más
adelante lo veremos con detalle.
El opio se conoce desde hace 5400 años, como mínimo.
La planta de la amapola real o adormidera, son sinónimos, al ser cortada
segrega una especie de leche blanca que pronto se vuelve marrón al contacto con
el aire. Eso es el opio.
Dada su utilidad, se ha usado en prácticamente todo
el mundo con distintos nombres incluso en el mismo idioma (leche de amapola,
jugo de adormidera, etc), aunque el centro histórico de producción es lo que
ahora conocemos como Afganistán. Esto puede llevar a que pase más desapercibido
como droga. Como cuando en El mago de Oz, la bruja mala lanza un hechizo que
hace que Dorothy y sus amigos se queden dormidos sobre un campo de amapolas.
Claro, claro.