domingo, 11 de diciembre de 2022
miércoles, 7 de diciembre de 2022
Reseña de Jerusalén, de Alan Moore (edición corregida)
En su momento, hice una reseña sobre Jerusalén, la monstruosa obra de Alan Moore, cuando salió la edición española (http://kallixti.blogspot.com/2020/01/resena-de-jerusalen-de-alan-moore.html). Como quizá sepáis, la edición estaba mal corregida, por no haber dado tiempo suficiente a que el traductor, José Torralba, acabara su obra. En un ejercicio de honradez, al menos, a quienes habíamos comprado la primera edición, la editorial Minotauro nos envió sin coste alguno la edición bien corregida que salió posteriormente. Después de recibir esta edición (con el estuche un poco roto, pero no pasa nada, porque puedo usar el estuche de la edición mal traducida), creo que tengo que reseñar también ésta.
Así pues, intercalaré párrafos de la reseña anterior con nuevas apreciaciones correspondientes a la edición corregida. Esto podría quedar raro, por mezclar cosas escritas cuando estaba leyendo la novela por primera vez con cosas escritas ahora, pero eh, precisamente leer algo que transcurre en distintos momentos del tiempo mezclándose parece muy adecuado para una reseña de Jerusalén.
La intención es que la reseña no tenga demasiados spoilers. Digo “no demasiados”, pero serán inevitables algunos, así que supongo que si alguien está interesado en leerla no le interesará leer más que unos párrafos de esta reseña. Sin embargo, la complejidad de esta obra, su asombrosa extensión y la importancia que podría tener para la literatura -aunque seguramente no llegue a tenerla-, por su originalidad, me lleva a pensar que esta reseña podría interesar incluso a gente que ya haya decidido que no quiere leer Jerusalén. Simplemente... a modo de reseña de un hito. Escribir esta novela tiene tanto mérito y es un asunto tan curioso que creo que puede llegar a ser interesante leer sobre ella, sólo para saber lo que se puede llegar a hacer juntando palabras. A su vez, en la reseña original, traté de no leer otras reseñas o explicaciones de esta obra para así poder decir sólo lo que yo interpreto de ella, sólo lo que me parece a mí, con mi bagaje cultural y mi conocimiento previo de otras obras de Moore. De esta forma no me dejé influir por otras interpretaciones; en esta nueva versión de la reseña pues ya es inevitable, claro, ya he leído otras.
Al empezar, Jerusalén recuerda principalmente a James Joyce, dada su extraordinaria habilidad para convertir actos cotidianos en una gran obra de la literatura (destaca en ese aspecto Ulises, claro). De hecho, sabemos que el planteamiento es similar al de Ulises, al escribirse los capítulos en estilos literarios distintos. El punto de vista inicial es el de una niña de 5 años, lo que recuerda a otra novela de Joyce, Retrato del artista adolescente. Sin embargo, la manera en la que Moore se mete en el cerebro de la niña y explica con lenguaje complicado los pensamientos de una niña (asustándose porque las tiendas están cerradas, tratando de recordar cuál era el camino, etc) recuerda más a otra obra anterior de Moore, El amnios natal.
miércoles, 30 de noviembre de 2022
domingo, 27 de noviembre de 2022
Sancta Terra
miércoles, 23 de noviembre de 2022
Anhedonia, posible utilidad de un concepto
Reciclando un pequeño artículo que escribí hace tiempo para el blog de un colega y que juraría que no se llegó a publicar.
En ese sentido, el uso de determinados conceptos, el lenguaje que usamos para describir el bienestar o el sufrimiento psicológico, pueden tener una influencia importante. No puedo dejar de relacionar esto con la misma existencia de trastornos, síndromes; de categorías para clasificar el sufrimiento psicológico de una persona. Después de todo, las enfermedades biológicas son demostrables, son objetivas: puedes tener un virus en tu organismo que te provoca ciertos síntomas, o puedes no tenerlo. Los trastornos mentales, en cambio, son categorías subjetivas creadas por profesionales con la esperanza de que, al dar nombre a un conjunto de síntomas, sea más fácil lidiar con ellos.
Ni qué decir tiene que esto, a menudo, es así: el lenguaje que crea una etiqueta donde antes no la había puede ayudar a una persona a aliviar su sufrimiento. También, por desgracia, en ocasiones ocurre lo contrario: hay casos de gente que acudió a una consulta de psicología con una sintomatología leve y, tras recibir el diagnóstico, tras recibir una etiqueta que moldea la forma en que percibe esos síntomas, empeoró su condición.
Con esta introducción quería aprovechar para resaltar la importancia del lenguaje y los conceptos que usamos a la vez que llamar la atención acerca de que, a veces, también se cometen errores en la consulta, y pueden ser graves. El concepto del que quería hablar en este artículo, por tanto, lo saco a la luz con la esperanza de que ayude a aliviar el sufrimiento de la gente, y no al contrario: el concepto de anhedonia.
La anhedonia, como indica su propio nombre, es la incapacidad para sentir placer. No es un término muy usado en el habla cotidiana (de hecho, mientras escribo este artículo en el Word me aparece la palabra en rojo, dejando claro que no está en el diccionario, al menos en el de esta versión). Es un poco más usado en el ámbito psicológico, aunque creo que incluso en éste ámbito no se usa tanto como se podría.
domingo, 20 de noviembre de 2022
Las uvas de la ira: Eso es algo que podemos cambiar
Un par de fragmentos de distintos momentos de Las uvas de la ira que creo que dejan claro por qué es una novela tan buena.
–La levanté con mis propias manos. Enderecé clavos viejos para colocar el revestimiento. Los pares del tejado están atados a los travesaños con alambre de embalar. Es mía. Yo la construí. Atrévete a chocar contra ella, yo estaré en la ventana con el rifle. Que se te ocurra siquiera acercarte de más y te dejo seco como a un conejo.
–No soy yo. Yo no puedo hacer nada. Pierdo el empleo si no sigo órdenes. Y, mire, suponga que me mata, simplemente a usted lo cuelgan, pero mucho antes de que le cuelguen habrá otro tipo en el tractor y él echará la casa abajo. Comete usted un error si me mata a mí.
–Eso es verdad –dijo el arrendatario–. ¿Quién te ha dado las órdenes? Iré a por él. Es a ése a quien debo matar.
–Se equivoca. El banco le dio a él la orden. El banco le dijo: o quitas de en medio a esa gente o te quedas sin empleo.
–Bueno, en el banco hay un presidente, están los que componen la junta directiva. Cargaré el peine del rifle e iré al banco.
miércoles, 16 de noviembre de 2022
domingo, 13 de noviembre de 2022
Teoría Illuminati de la Historia
Lo que viene a continuación es el Apéndice Gimmel, uno de los apéndices de la Trilogía Illuminatus!, de Robert Anton Wilson y Robert Shea. Me parece una joyita prodigiosa en la que, con mucho acierto y mucho sentido del humor, se forma un batiburrillo entre realidad y ficción en el que, como sucede a menudo en la obra de RAW, resulta difícil saber qué parte es cada cuál y hasta qué punto lo está diciendo en serio, es una broma o ambas cosas a la vez. Lo que supuestamente trata de aclarar este apéndice es cómo consideran los Illuminati que funciona la Historia. Ah, y por lo que sea, se da la curiosa coincidencia de que yo soy Virgo.
Teóricamente, la era
de la Burocracia puede extenderse hasta que se deba hacer economía de papel,
pero en la práctica, nunca dura más de 73 permutaciones. - WEISHAUPT, Konigen,
Kirchen and Dummheit.
En un pasaje bastante conocido del Necronomicon, Abdul Alhazred escribe: “Ellos reinaron una vez donde el hombre reina ahora; y donde el hombre reina ahora, Ellos volverán a reinar. Luego del verano viene el invierno, y luego del invierno viene el verano”. Weishaupt, que poseía solamente la edición de 1472 de Lyons de la traducción de Olaus Wormius, con sus muchos errores de impresión, encontró ese texto transformado en “Ellos reinaron una vez donde el hombre reina ahora, el verano; y donde el hombre reina ahora, luego del verano viene el invierno. Ellos volverán a reinar luego del invierno”. Totalmente confundido, le escribió a su buen amigo el cabalista Kolmer, en Bagdad, pidiéndole una explicación. Kolmer, a su vez, despachó una carta para él respondiéndole a una pregunta previa. La carta llegó mientras Weishaupt estaba experimentando con una nueva variedad de Alamut Negro, y no se hallaba en condiciones de advertir que era la respuesta a una pregunta anterior; en cambio, estaba dispuesto a recibir la iluminación en las palabras: “Con respecto a tu espinosa consulta: descubrí que, en muchos casos, el cornezuelo de centeno es el mejor remedio. Si aquello fallara, solamente puedo sugerir el sendero de Don Juan”.
Weishaupt supuso que Kolmer quería decir que el pasaje se haría claro si lo leía bajo la influencia del cornezuelo de centeno. Bajó rápidamente a su laboratorio y bebió un trago de una vasija; luego, por añadidura, masticó unos cuantos botones de peyote (por un malentendido creyó que el Don Juan aludido era el brujo yaqui del siglo veinte cuya mente había estado percibiendo a través del Morgenheutegesternwelt. El peyote era el gran “maestro” de Don Juan, y Weishaupt había hecho importar un poco desde México con muchos problemas y gastos). En este punto, debemos aclarar que la pregunta que Kolmer estaba respondiendo resultó ser personal y no filosófica. Weishaupt le había pedido consejo sobre un problema que lo estaba acuciando ese mes: el hecho era que su cuñada estaba embarazada y la evidencia circunstancial lo señalaba a él como el padre. No sabía cómo iba a explicárselo a Eva. Lo que Kolmer intentaba decir era que Adam debía darle cornezuelo de centeno a su amante, ya que se lo consideraba un abortivo efectivo; la alternativa se refería al sendero de un Don Juan anterior, y significaba esfumarse por completo de la escena. De cualquier manera, el sabio drogado de Ingolstadt comprendió todo mal, así que volvió a las páginas del Necronomicón harto de hachís y peyote, y bajo una cualidad sustancial del cornezuelo de centeno, que por la influencia de las otras drogas y de sus propios jugos gástricos había mutado en ergotina, una prima química cercana del LSD. El resultado fue que las palabras parecieron saltar hacia él desde el libro, gritando significativamente:
ELLOS REINARON UNA VEZ DONDE EL HOMBRE REINA AHORA EL VERANO Y DONDE EL HOMBRE REINA AHORA LUEGO DEL VERANO VIENE EL INVIERNO ELLOS VOLVERÁN A REINAR LUEGO DEL INVIERNO
miércoles, 9 de noviembre de 2022
miércoles, 27 de julio de 2022
¿Pinchazos como nuevo método de sumisión química?
E últimas semanas se ha extendido por España un mito, y creo que es importante analizarlo y ver cómo de probable es.
Se trata, por supuesto, de los pinchazos. Está en boca de todo el mundo, hay publicaciones rulando por todo internet, sale en las noticias de todos los medios. La idea de que se está poniendo preocupantemente de moda que un agresor vaya armado con una jeringuilla a un espacio de ocio e inyecte una sustancia a su víctima para poder abusar de ella.
Os recomiendo ver el vídeo de 8 mitos, porque traté cosas parecidas y también algunas nociones básicas en las que veo que muchísima gente sigue cometiendo muchos errores: por ejemplo, parece que mucha gente define como “sumisión química” el hecho de que un agresor suministre una droga sin su consentimiento a la víctima, cuando en realidad “sumisión química” también abarca los casos mucho más frecuentes en los que la víctima consume de manera voluntaria una droga de cuyos efectos el agresor se aprovecha; en la mayoría de los casos, alcohol. De hecho, la mayor parte de los casos por sumisión química son ésos: un agresor aprovechándose de que su víctima se ha emborrachado y su capacidad para defenderse está mermada.
En cualquier caso, este vídeo va a estar centrado en esta ola de reportes que ha habido las últimas semanas de gente notando un pinchazo y posteriormente mareándose, y analizar cómo es de probable que un agresor use una jeringuilla para someter químicamente a sus víctimas.
Os adelanto que parece muy improbable, pero bueno, vamos a ver por qué y a tratar el tema con calma. Aunque técnicamente es posible, quiero remarcar esto, creo que hay 8 razones a considerar por lo que es muy improbable que esto suceda:
1-Someter químicamente a alguien mediante una inyección sería dificilísimo, por varios motivos. Primero, calcular la dosis: dependiendo de la sustancia, de entre las posibles sustancias que se podrían usar con este fin, calcular la dosis para producir una inconsciencia puede ser dificilísimo. Pasarse un poco podría implicar la muerte por sobredosis de la víctima. Por otro lado, no es tan fácil poner una inyección, especialmente, ¿se supone que son por vía intravenosa o por vía intramuscular? ¿O sólo intradérmica? En este último caso, algunas sustancias directamente no tendrían efectos. Vamos, que para poder cometer este tipo de agresiones, harían falta conocimientos médicos, pero lo más importante: la aguja tendría que estar clavada durante varios segundos. En algunos de los casos, de hecho, dependiendo de la sustancia, tendrían que ser más de 10 segundos. No cuadra mucho lo de tener una aguja clavada durante más de 10 segundos pero notar sólo un leve pinchazo, girarse y no poder ver quién ha sido.
2--Sabemos que en UK pasó algo similar: que mucha gente creyó haber sido drogada por un pinchazo cuando no era así. De hecho, es curioso que algunos medios hablen de que esto ya ha pasado en otros países, cuando más bien la experiencia de otros países fue ver que gente que creía haber sufrido un ataque de este tipo no lo había sufrido. La policía de Nottinghamshire, por ejemplo, recibió 15 denuncias de este tipo y pudo descartar inmediatamente 14 de ellas únicamente al ver que el tipo de lesión no se correspondía con un pinchazo. En total, de las 274 denuncias por sospechas de haber recibido un pinchazo, no pudo ser confirmada ni una sola de ellas.



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