En su momento, hice una reseña sobre Jerusalén, la
monstruosa obra de Alan Moore, cuando salió la edición española (http://kallixti.blogspot.com/2020/01/resena-de-jerusalen-de-alan-moore.html). Como quizá
sepáis, la edición estaba mal corregida, por no haber dado tiempo suficiente a
que el traductor, José Torralba, acabara su obra. En un ejercicio de honradez,
al menos, a quienes habíamos comprado la primera edición, la editorial
Minotauro nos envió sin coste alguno la edición bien corregida que salió
posteriormente. Después de recibir esta edición (con el estuche un poco roto,
pero no pasa nada, porque puedo usar el estuche de la edición mal traducida),
creo que tengo que reseñar también ésta.
Así pues, intercalaré párrafos de la reseña anterior con
nuevas apreciaciones correspondientes a la edición corregida. Esto podría
quedar raro, por mezclar cosas escritas cuando estaba leyendo la novela por
primera vez con cosas escritas ahora, pero eh, precisamente leer algo que
transcurre en distintos momentos del tiempo mezclándose parece muy adecuado
para una reseña de Jerusalén.
La intención es que la reseña no tenga demasiados spoilers.
Digo “no demasiados”, pero serán inevitables algunos, así que supongo que si
alguien está interesado en leerla no le interesará leer más que unos párrafos
de esta reseña. Sin embargo, la complejidad de esta obra, su asombrosa
extensión y la importancia que podría tener para la literatura -aunque
seguramente no llegue a tenerla-, por su originalidad, me lleva a pensar que
esta reseña podría interesar incluso a gente que ya haya decidido que no quiere
leer Jerusalén. Simplemente... a modo de reseña de un hito. Escribir esta
novela tiene tanto mérito y es un asunto tan curioso que creo que puede llegar
a ser interesante leer sobre ella, sólo para saber lo que se puede llegar a
hacer juntando palabras. A su vez, en la reseña original, traté de no leer
otras reseñas o explicaciones de esta obra para así poder decir sólo lo que yo
interpreto de ella, sólo lo que me parece a mí, con mi bagaje cultural y mi
conocimiento previo de otras obras de Moore. De esta forma no me dejé influir
por otras interpretaciones; en esta nueva versión de la reseña pues ya es
inevitable, claro, ya he leído otras.
Al empezar, Jerusalén recuerda principalmente a James Joyce,
dada su extraordinaria habilidad para convertir actos cotidianos en una gran
obra de la literatura (destaca en ese aspecto Ulises, claro). De hecho, sabemos
que el planteamiento es similar al de Ulises, al escribirse los capítulos en
estilos literarios distintos. El punto de vista inicial es el de una niña de 5
años, lo que recuerda a otra novela de Joyce, Retrato del artista adolescente.
Sin embargo, la manera en la que Moore se mete en el cerebro de la niña y
explica con lenguaje complicado los pensamientos de una niña (asustándose
porque las tiendas están cerradas, tratando de recordar cuál era el camino,
etc) recuerda más a otra obra anterior de Moore, El amnios natal.